lunes, 30 de abril de 2012

La Noche de Walpurgis

La Noche de Walpurgis (Valborgsmässoafton en sueco, Walpurgisnacht en alemán) es una fiesta de origen pagano que se celebra la noche del 30 de abril al 1 de mayo en Europa Central y del Norte, conocida también como noche de brujas.

De origen posiblemente germánico y difundido por los celtas, esta fecha marca la transición del invierno a la primavera. Marcando este momento del año se celebra la festividad de Beltane, en honor a Belenos, dios del fuego, encendiendo hogueras para que el humo renueve a los pueblos y sus gentes.  Posteriormente comenzó a relacionarse esta fiesta con los cultos de las brujas. Con la llegada del cristianismo, la festividad fue asociada con las brujas y se le atribuyó un significado blasfemo asociándola vagamente con un supuesto cumpleaños de Satanás. 

En la antigua Roma, el mes de mayo estaba consagrado a los antepasados (maiores). Era un mes en que en toda Europa y Asia se creía que los aparecidos hacían sus incursiones entre los vivos. Durante la Antigüedad y la Edad Media, se perpetúa una gran prohibición: hay que evitar casarse en mayo porque durante ese período se corre el riesgo de contraer matrimonio con una aparecida o con una mujer embrujada del Otro Mundo.


Con el devenir de los tiempos, la fecha aproximada de la celebración católica de la canonización de la Santa Walpurgis (Valborg o Walburga) se trasladó del 25 de febrero (fecha de su nacimiento) al 1 de mayo, denominándose Noche de Walpurgis por coincidir la fecha de celebración con el día de Santa Walpurgis en el calendario sueco debido a que el 1 de mayo de 870 d.C. fueron trasladadas sus reliquias. Dicha fecha pasó a ser el día de la celebración de esta santa en algunos calendarios, coincidiendo con el día del trabajador.

Para finalizar, fue durante la Noche de Walpurgis de 1776 cuando Adam Weishaupt creó en los bosques bávaros a los Illuminati.

Santa Walpurgis
Walburga de Heidenheim (710 – 779) fue una religiosa benedictina inglesa, miembro de la misión anglosajona, que dirigió el convento de Heidenheim (Alemania). Nació en Wessex (Inglaterra) cerca del 710. La leyenda dice que era hija del mítico rey san Ricardo el Sajón —un reyezuelo de los sajones occidentales— y de Winna, hermana de san Bonifacio, apóstol de Germania.

Cuando su padre partió en peregrinación hacia Roma junto con sus dos hermanos —los también legendarios San Willibaldo y San Winibaldo—, Walburga (entonces de once años de edad) quedó bajo el cuidado de la abadesa de Wimborne. Pasó 26 años encerrada en el convento inglés, preparándose para las hazañas que llevaría a cabo en Alemania. Gracias a la educación que recibió en Winborne, Walpurga pudo más tarde escribir en latín la Vida de san Winibaldo y los viajes de san Willibaldo por Palestina. Eso la convertiría en la primera escritora de Inglaterra y Alemania.

Apenas un año después de su arribo, recibió noticias de la muerte de su padre el rey Ricardo en Lucca (Italia). Durante este periodo, San Bonifacio estaba sentando los cimientos de la iglesia en Germania. Walburga viajó a Württemberg para asistir a San Bonifacio. Se convirtió en monja y vivió en el convento Heidenheim, que había sido fundado por su hermano san Willibaldo. Se encontraba en el actual distrito Weißenburg-Gunzenhausen, vecino al distrito de Eichstätt, en Baviera, que en esa época formaba parte del imperio franco.

Bonifacio fue el primer misionero que pidió ayuda a las mujeres. En el año 748, en respuesta a su pedido, la abadesa Tetta envió a Germania a Santa Lioba y santa Walburga, junto con muchas otras monjas. Partieron del puerto británico con buen clima, pero se desató en el viaje una terrible tempestad. Walburga se arrodilló en el puente de la nave y oró, y rápidamente el mar se calmó. Al arribar al puerto en el continente, los marineros proclameron el milagro que habían presenciado, por lo que Walburga era recibida en todas partes con veneración.

En la iglesia de Amberes hay una tradición que dice que la santa pasó algún tiempo allí, en su viaje hacia Alemania. En la iglesia más antigua de la ciudad (que ahora recibe el título de santa Walburga), se encuentra una gruta donde se dice que la santa rezaba. Esta misma iglesia, antes de adoptar el Oficio Romano, acostumbraba a celebrar la fiesta de la santa Walburga cuatro veces al año.

En Maguncia la santa fue recibida por su hermano san Willibald y por su tío san Bonifacio. Después de vivir algún tiempo bajo la tutela de santa Lioba en Bischofsheim, fue nombrada abadesa de Heidenheim, y así quedó cerca de su hermano favorito, san Winibaldo, que gobernaba un monasterio allí. Tras la muerte de Winibaldo, ella quedó a cargo también de su monasterio. El 23 de septiembre del 776, asistió a su hermano Willibaldo a trasladar los restos de su otro hermano Winibaldo. Descubrieron que no había trazas de putrefacción en las reliquias.

Un par de años después Walburga cayó enferma y —confortada por san Willibald— falleció en Heidenheim el 25 de febrero del 779, y ese día se celebra su fiesta en el calendario católico; aunque en algunos sitios —como Finlandia, Suecia y Baviera (sur de Alemania)— su fiesta se conmemora el día del traslado de sus reliquias, el 1 de mayo.

San Wilibaldo puso su tumba al lado de la de san Winibaldo. Wilibaldo sobrevivió hasta 786. Después de su muerte, la devoción hacia santa Walburga declinó gradualmente y su tumba se fue arruinando.

Canonización, milagros y leyendas

Cerca de 870, Otkar, el obispo de Eichstadt, determinó que había que restaurar la iglesia y el monasterio de Heidenheim, que se encontraba casi en ruinas. Declaró que la santa se le había aparecido y lo había amenazado debido a que su tumba había sido profanada por los trabajadores. Entonces se realizó el traslado ritual de sus restos hasta Eichstadt el 1 de mayo de 870. Con este traslado se inició la veneración pública de Walburga como santa (en esta época todavía no se había establecido el proceso formal de canonización). Sus restos fueron instalados en la Iglesia de la Santa Cruz (ahora llamada Iglesia de Sta. Walburga).

En el año 893 el obispo Erchanbold, sucesor de Otkar, abrió la tumba para extraer una porción de su cuerpo como reliquia para regalarla a Liubula, la abadesa de Monheim. Encontró que el cuerpo estaba inmerso en un precioso óleo que —excepto en la época en que Eichstadt quedó en interdicto y en una ocasión en que unos ladrones lastimaron al encargado de retirar el aceite (y probablemente también de ponerlo)—, continuó fluyendo de su cuerpo (especialmente de sus pechos).

Estas declaraciones hicieron que la santa fuera contada entre los elaephori (santos generadores de aceite). Partes de su cuerpo fueron repartidos a muchas ciudades, como Colonia, Amberes, Furnes y otros, mientras que su óleo ha sido repartido a todos los rincones del globo


En el siglo IX un monje de Monheim (Baviera) cuenta la milagrosa historia de la joven Friderada, que se había curado en el santuario de santa Walburga de una extraña enfermedad (que ahora se diagnosticaría como anorexia). Tras un periodo de apetito voraz, Friderada rechazaba los alimentos sólidos y vomitaba los productos lácteos que ingería. Al poco tiempo dejó por completo de comer. Fue llevada al santuario bávaro, donde quedó curada milagrosamente por santa Walburga.

Años después se vendía en toda Europa un “famoso aceite de Walpurgis”, que se decía que había empezado a brotar de la tumba de la santa poco después de enterrada (en el año 779). Decían los vendedores que este líquido maravilloso poseía una poderosa influencia contra el poder de las brujas.