lunes, 30 de enero de 2012

Project Blue: Earth S.O.S.

Esta serie de ciencia-ficción consta de 6 episodios de 1 hora de duración. Está ambientada en un una versión alternativa retro-futurista de los años '90-2000 con una estética que nos recuerda a las visiones del mundo del mañana de los años 50 y la estética de las revistas pulp de ciencia-ficción de la época.

Argumento
El 1 de enero de 1995, un avión de combate dotado con Reactor G (un nuevo tipo de motor que permite alcanzar grandes velocidades) estaba realizando un vuelo de prueba cuando su piloto informó de una luz arco iris y extraña y la presencia de platillos volantes justo antes de desaparecer misteriosamente. 5 años después, dos jóvenes super dotados, Billy Kimura y Penny Carter, se encuentran en una estación de tren donde iba a realizar su viaje inaugural un nuevo tren de alta velocidad equipado con Reactor G. Sin embargo, para su sorpresa, aparece una misteriosa luz arco iris que hace desaparecer el tren. Este hecho levanta las sospechas de Penny Carter, que, en colaboración con Billy descubren que es el comienzo de una invasión alienígena. Ambos chicos deben poner su inteligencia y talento al servicio de las fuerzas de defensa planetaria para tratar de derrotar a un poderoso enemigo de más allá de las estrellas.

Opinión
Project Blue es una serie de ciencia ficción que recupera el sabor retro y clásico del género durante los años 40 a 60, recopilando clichés y estéticas de esta época. Para los aficionados a la sci-fi es una serie muy buena, divertida e interesante, que trata de forma original la invasión de la Tierra por parte de unas fuerzas alienígenas, tema manido y tratado de infinidad de formas.

Esta serie es muy recomendable para los que les guste la sci-fi sin grandes aspavientos ni excesos, así como a los aficionados al pulp y los clásicos del género. No por ello es una serie exclusivista, ya que cualquiera puede verla y gustarle, pero, repito, no es para aquellos que sólo busquen acción sin freno, grandes explosiones, poderes y mechas.

Yo, Morlock #4: La Internacional, la voz del pueblo y del obrero

La Internacional es la canción más importante del movimiento obrero. Se la considera el himno oficial de los trabajadores y fue himno nacional de la URSS. Esta canción define las bases de la lucha obrera y, con su letra, incita a la lucha contra la opresión de las clases trabajadoras por parte de los ricos y poderosos.

Este himno no ha perdido fuerza ni significado con el paso del tiempo y sigue siendo aplicable a nuestra sociedad. En los tiempos que corren, en los que una crisis mundial ha sido creada por los grandes inversores para su propio beneficio, en que se recortan los derechos de los ciudadanos para pagar una debacle económica a una escala que no se había visto desde el Crack del 29, La Internacional sigue estando vigente.

Historia
El 15 de junio de 1888 G. Delory, uno de sus organizadores de la Lira de los Trabajadores (La Lyre des Travailleurs), que más tarde sería alcalde de Lille y que estaba interesado en que la coral ampliara su repertorio de canciones socialistas y obreras, se siente atraído por uno de los versos de Pottier que aparecía en Cantos Revolucionarios, concretamente por el titulado La Internacional, y le encarga a Pierre Degeyter, que ya tenía una buena reputación de compositor, su música, indicándole que hiciera algo de ritmo vivo y arrebatador. Pierre trabajaba en ese tiempo como montador en los talleres de Fives-Lille, y con la única ayuda de un simple armonio, musicalizó La Internacional en sólo tres días. Después de comentarla con los compañeros de trabajo y de hacer pequeñas modificaciones, la entregó a La Lyre des Travailleurs para su estreno. Se procedió a imprimir los 6.000 ejemplares de la primera y clandestina edición. Fue un éxito total, primero en Lille y luego en todo Francia.

Hasta 1922 se mantuvo una querella entre los dos hermanos Degeyter, Adolphe y Pierre, para saber quién era el autor de la música de La Internacional. El 23 de noviembre de 1922 el Tribunal del Sena proclamó a Pierre Degeyter autor de la música de La Internacional, aunque anteriormente lo había hecho a favor de Adolphe. Éste, en una carta a su hermano el 26 de abril de 1915, ya reconoce que él no era el autor de la música.

El 23 de julio de 1888, en una reunión de la Junta Sindical de vendedores de periódicos, se interpretó por primera vez en público. El 8 de diciembre de 1896 La Internacional es adoptada como himno oficial de los revolucionarios. En 1899, en otro 8 de diciembre, lo adoptan todas las organizaciones socialistas francesas al finalizar el Primer Congreso general en París.

En 1892, la Segunda Internacional la populariza y adopta como himno. El día 3 de noviembre de 1910 se convierte en el himno de todos los trabajadores del mundo, en el Congreso Internacional de Copenhage. En 1919 Lenin la oficializa en la Tercera Internacional y se convierte en el himno nacional de la Unión Soviética hasta el año 1943. Según cuenta Maurice Thorez en 1928, en el VI Congreso de la Internacional Comunista celebrado en Moscú, el propio Pierre Degeyter dirigió personalmente, con lágrimas en los ojos, el coro que interpretó la canción.

Su letra ha sido traducida a casi todos los idiomas del mundo. Su presencia es importante en países con sistema socialista, como Cuba.

Letra de La Internacional

¡Arriba, parias de la Tierra!
¡En pie, famélica legión!
Atruena la razón en marcha:
es el fin de la opresión.

Del pasado hay que hacer añicos.
¡Legión esclava en pie a vencer!
El mundo va a cambiar de base.
Los nada de hoy todo han de ser.

Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional. (Bis)

Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador.
Nosotros mismos realicemos
el esfuerzo redentor.

Para hacer que el tirano caiga
y el mundo siervo liberar,
soplemos la potente fragua
que el hombre libre ha de forjar.

Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional. (Bis)

La ley nos burla y el Estado
oprime y sangra al productor;
nos da derechos irrisorios,
no hay deberes del señor.

Basta ya de tutela odiosa,
que la igualdad ley ha de ser:
"No más deberes sin derechos,
ningún derecho sin deber".

Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la Internacional. (Bis).

Perdida en Villa Silencio

Perdida en Villa Silencio es una aventura para el juego de rol español Aventuras en la Marca del Este creada por Maet Rastaban blogger de Ébaris. Para los que conocemos en persona a este singular personaje, no es de sorprender que se trate de una adaptación de la ambientación y tramas de la saga de juegos Silent Hill. Estos destacaron por su entorno en donde abunda la niebla, los pueblos fantasmas y la sangre y el óxido junto con monstruos bastante extraños. La base sobre la que se mueve esta serie es el terror psicológico, contando siempre con protagonistas que han pasado o pasan por etapas difíciles de su vida y que, de una forma u otra, acaban viéndose arrastrados a la ciudad fantasma de Silent Hill. Se trata de un ambiente y un tema muy característicos y específicos, con un trato interesante del terror, los traumas personales y la locura

Por su parte, Aventuras en la Marca del Este es un juego de fantasía heróica que recupera y adapta el sistema de juego clásico de Dungeons & Dragons. Su lanzamiento supuso un punto de inflexión para las nuevas generaciones, acostumbradas a sistemas complejos y un espíritu distorsionado del rol de mazmorras y heroísmo. Es de agradecer este retorno a los clásicos, aunque el juego no logra alcanzar el nivel de equilibrio y jugabilidad alcanzado por Advanced Dungeons & Dragons

Viendo esto y adoptando un aire crítico, es imposible no preguntarse: ¿Qué pinta un entorno de terror psicológico oscuro y sangre y óxido en un juego de fantasía heroica que suele ser todo lo contrario? Se trata de mezclar dos géneros opuestos y sin puntos en común, con lo que el resultado debe ser examinado con sumo cuidado. ¿Por qué? Hay que tener en cuenta que si tratamos de combinar dos ambientaciones y estilos completamente diferentes, el resultado final siempre se verá afectado de una forma u otra y no necesariamente para bien. En estos casos, si no se hace el trabajo con suma atención a los detalles, se puede caer en un quebrantamiento del espíritu de los géneros que queremos cruzar.

Análisis de la aventura
La aventura sigue la trama del primer juego de la saga Silent Hill. Los jugadores deben acudir en ayuda de John Samon, un mercader cuya hija ha desaparecido en una ladea fantasma olvidada llamada Villa Silencio que parece estar bajo el efecto de alguna maldición. Una vez que aceptan el trabajo, se les entrega un mapa para que sepan como ir hasta el lugar en cuestión y comienza la aventura en sí.

La trama se conduce de forma completamente lineal, haciendo que los personajes se vayan moviendo a través de una serie de localizaciones por el pueblo, con unos encuentros predeterminados. En cada uno de los lugares a visitar deben hallar una nueva pista tras recorrer un "dungeon" y superar diversos encuentros de diferentes dificultades con recompensas acordes a los enemigos a superar. Finalmente, en el último lugar a visitar, los jugadores logran dar con la niña y deben hacer frente al enemigo final. Si logran derrotarlo, podrán escapar de la villa maldita con la pequeña.

La linealidad de la aventura deja poco o ningún margen de acción a los jugadores, lo cual puede resultar frustrante, sobretodo teniendo en cuenta la simplicidad de los mapas y el hecho de verse conducidos de un lado a otro sin poder tomar otra opción. La única capacidad de decisión en cuanto a visitar un lugar u otro queda en una localización extra que se puede visitar si los jugadores logran descifrar una pista.

Los encuentros resultan descompensados para un grupo de jugadores habitual, a lo que hay que añadir un sistema de miedo implementado para recrear la atmósfera de terror. Éste puede suponer un handicap adicional demasiado grave si los dados no acompañan a los jugadores, por lo que la dificultad de la aventura se incrementaría bastante.

Conclusión
Perdida en Villa Silencio no es una aventura recomendable para jugadores novatos, ya que habría que formar un grupo muy grande de jugadores (5-8) de nivel 1 para tener una mínima garantía de poder completarla sin demasiadas bajas. Por la forma en que está configurada, sería necesario que hubiera varios clérigos y, al menos, un paladín en el grupo para así incrementar las posibilidades de éxito. Los encuentros son muy duros, aunque la recompensa es alta, pero los jugadores, especialmente los novatos o los que no formen un grupo compenetrado, pueden verse afrontando desafíos que resulten demasiado difíciles.

Por todo ello, esta aventura es recomendable para jugadores más experimentados y con personajes que estén por encima del nivel 1 que gusten del género de terror o de la saga Silent Hill. No debería usarse con aquellos que quieran hacer su primera aproximación al rol, ya que esta aventura por su temática y gran dificultad podría hacer que se echaran atrás y se formaran una imagen distorsionada de esta forma de ocio.

martes, 24 de enero de 2012

Yo, Morlock #3: La obsesión por el recorte

El recorte se ha convertido en una obsesión del gobierno del PP. Los que tan alegremente anunciaban durante su etapa en la oposición que iban a solucionar la crisis con su mera presencia se han visto con el agua al cuello. Rajoy prometía que, con el como Presidente, se iba a generar "confianza", y que dicha confianza serviría para amansar a los feroces mercados, calmar a las rugientes bestias de las agencias de clasificación y satisfacer los apetitos de los titanes europeos. Qué felices se veían los populares y que optimistas se mostraban. Pero todo cambió una vez que cumplieron su objetivo: verse en el poder. De repente, la reclamada confianza no surgía por ningún lado, los mercados seguían su azote contra las mermadas economías, las agencias de clasificación siguen imponiendo su particular ley marcial y Alemania y Francia siguen siendo los intransigentes y poderosos titanes que se alzan como rectores del paradigma europeo.

Al ver que no tenían más remedio que romper con sus incendiarias proclamas con las que ejercían oposición y las comprometidas promesas electorales, Rajoy, bajo la excusa de que el déficit era mayor del esperado, se ha visto obligado a realizar todo tipo de recortes para intentar salir del atolladero en que se halla metido al estar al mando del país. Pero es curioso que, con el PP al mando de la mayor parte de los gobiernos autonómicos, no supieran que las CC.AA. eran las principales culpables de que el agujero deficitario fuera tan grande.

Por todo ello, es normal que sean necesarios los ajustes y recortes presupuestarios, imponer la austeridad y el ahorro, pues no hay otra solución. El problema empieza cuando el gobierno dirigido por Rajoy se dedica a subir impuestos que no deberían tocarse y a lanzarse contra las partidas que menos habría que tocar: educación y sanidad. Aunque ahora a estas se le debe añadir justicia, ya que según Aguirre, en ningún lado pone que la justicia debe ser gratis. Sinceramente, los miembros del gobierno y los altos cargos del PP deberían tener en cuenta el alcance de sus declaraciones y medidas, ya que nos demuestran el nivel de compromiso que tienen con el pueblo, es decir, escaso por no decir ninguno.

Hay que tener en cuenta que existen partidas presupuestarias que merecen un ajuste de forma más exhaustiva y urgente que la educación y sanidad. Y no sólo porque estas últimas sean vitales para el futuro de un país. Si nuestros niños no reciben una formación apropiada y si no tenemos derecho a una asistencia sanitaria gratuita y accesible, estamos hipotecando a las próximas generaciones. Por ello, debemos tener claras nuestras prioridades. Para ello, voy a citar algunos posibles ejemplos de donde se pueden hacer recortes:
  • Casa Real. La Casa Real es una institución que no resulta imprescindible en un estado moderno. Es un organismo heredado e inamovible que recibe una importante dotación económica. Esta misma debería reducirse para poder asignar esos fondos a otras partidas en donde resultarían más útiles. Ya de paso, sería recomendable hacer un referendum para consultar al pueblo español si realmente desea seguir viviendo en una monarquía u optar por la república.
  • Salarios de miembros del gobierno y altos cargos y duplicidad. Los miembros de los gobiernos nacional y autonómicos, así como los diputados, senadores y demás representantes electos, así como altos cargos del funcionariado público reciben elevados sueldos como pago por sus labores. Dichos salarios incluyen suplementos, extras, y demás conceptos que engrosas sustancialmente su nómina. En un estado atrapado en una feroz crisis económica y una difícil recesión, estos cargos públicos deberían dar ejemplo. Habría que instaurar una transparencia total y absoluta sobre los sueldos cobrados que incluyese también un ajuste de los mismos a la baja hasta convertirse en algo que estuviera más acorde para la situación económica. A esto habría que añadir una reducción sustancial de privilegios como el uso y abuso de coches oficiales y la duplicidad de cargos. No podemos permitir que los salarios de los altos cargos sean una sangría para las arcas del estado cuando nos hallamos en una situación tan complicada.
  • Grandes fortunas y corrupción. Este es un apartado que siempre ha picado al PP, ya que siempre ha apoyado a los poderosos. Hay que gravar a las grandes fortunas para que ayuden a este país a salir de su pésima situación económica. No podemos permitir que se sigan sacrificando las clases trabajadoras para sostener a una élite de parásitos acostumbrada a los privilegios y que dirige las grandes empresas, las principales causantes del fraude fiscal. Además, la corrupción debe ser investigada, perseguida y juzgada con todo el peso de la ley. Basta ya de escuchar a los políticos del PP lamentarse amargamente de persecuciones judiciales y policiales cada vez que se destapa un escándalo de corrupción. Basta de excusas y trabas. Hay que poner fin a los corruptos, acabar con el fraude y la malversación de fondos.
  • La Iglesia Católica. España es un estado láico y aconfesional, así lo determina la Constitución Española. Entonces... ¿por qué el estado sigue financiando a la Iglésia Católica? Del dinero de nuestros impuestos se deriva una parte a pagar colegios católicos concertados y subvencionar a esta institución religiosa. Nos encontramos en un estado democrático en el que hay libertad de culto. Por lo tanto es inconcebible que el gobierno siga apoyando de forma tan clara y parcial a una iglesia que no representa al total de los habitantes de este país y que tantos escándalos ha escondido y trata de ocultar.
Estos son tan sólo algunos ejemplos. Existirán otros, habrá otras medidas que se puedan tomar, pero lo que no se puede hacer es dedicarse a una política de recorte salvaje que sólo va a producir más daños que los que se pretende subsanar. No podemos permitirnos un plan de gobierno que se dedique a grabar más aún a las clases medias y bajas, a los trabajadores y parados que no pueden asumir esta carga. Tampoco se pueden atacar las bases de nuestro futuro como nación y la salud de los españoles. Así que pido al gobierno de este país que tenga en cuenta a sus ciudadanos y recuerde que son los representantes del pueblo.

lunes, 23 de enero de 2012

El Gran Cthulhu, Señor de R'lyeh

Cthulhu es un Primigenio cuyo aspecto suele ser el de un humanoide con garras y cabeza de pulpo y enormes alas de murciélago. Cthulhu duerme bajo el Océano Pacífico en la sumergida ciudad de R’lyeh, sumido en un trance similar a la muerte, pero un día despertará para dominar el mundo.

Cthulhu en la Tierra
Los registros de su procedencia son, cuanto menos, fragmentarios, pero parece que su origen se encuentra en el mundo de Vhoorl, en la trigésimo segunda nebulosa. Posteriormente viajó a la estrella doble de Xoth, donde se apareó con una criatura llamada Idhyaa para crear a los Primigenios Gatanothoa, Ythogtha y Zoth-Ommog. Desde allí, Cthulhu y su progenie, conocida como semilla estelar, volaron a Saturno y finalmente llegó a la Tierra.

Tras su llegada, Cthulhu y su séquito se asentaron en un continente del Océano Pacífico, donde construyeron la gran ciudad de piedra de R’lyeh. Al principio, la semilla de Cthulhu tuvo problemas al encontrarse con los Antiguos, raza que ya llevaba en la Tierra millones de años de que ellos llegaran. Tras una larga y cruenta guerra en la que la semilla de Cthulhu destruyó todas las ciudades terrestres de los Antiguos, las dos especies firmaron la paz y aceptaron no interferir entre ellos.

Después de este acuerdo, Cthulhu y su semilla disfrutaron de muchos años de libertad en la Tierra, pero pronto cayeron en un estado de profunda hibernación. Durante estos millones de años, la humanidad evolucionó poco a poco, y se mostró receptiva a los sueños de Cthulhu. De esta manera, el Primigenio les indicó donde encontrar las estatuas con su imagen que había traído consigo desde las estrellas, y les instruyó sobre la manera adecuada de adorarle. De esto modo se inició el culto a Cthulhu.

Un día, el desastre golpeó R’lyeh. Pudo tratarse de la venganza de unas deidades desconocidas, de cambios en las estrellas o de que la luna se desgajó de la Tierra. Tampoco está clara la fecha de esta catástrofe. Según la doctrina del culto, sucedió tras la fundación de las primeras sectas, pero otros sugieren que ocurrió mucho antes de la aparición de la humanidad. Independientemente de la causa y la fecha, la ciudad de R’lyeh se hundió en el Océano Pacífico atrapando a Cthulhu y su semilla. El agua bloqueó la mayor parte de sus señales telepáticas, cortando el contacto con sus adoradores excepto mediante algunos sueños ocasionales. Cthulhu se convirtió en prisionero en su propia ciudad bajo las aguas, esperando el momento en que las estrellas estén en posición y pueda ser liberado.

Desde entonces, R’lyeh, la ciudad-tumba de Cthulhu, ha emergido de las aguas en diversas ocasiones, liberándole durante breves periodos de tiempo. Sólo han sido pequeños respiros para el Primigenio, ya que la ciudad ha vuelto a sumergirse, obligándole a regresar a su prisión. Sin embargo, llegará el momento en que la ciudad negra no regresará al fondo marino, y entonces Cthulhu será libre para arrasar la Tierra y aniquilar a la humanidad, dando lugar a una nueva era. “Ese tiempo sería fácil de conocer, pues entonces la humanidad se parecería a los Grandes Primigenios: salvaje y libre, más allá del bien y del mal, sin moral y sin ley. Y todos los hombres gritarían y matarían, y gozarían alegremente. Los Primigenios, liberados, enseñarían nuevos modos de gritar y matar y gozar, y el mundo entero ardería en un holocausto de libertad y éxtasis.” (La llamada de Cthulhu, H. P. Lovecraft).

El culto de Cthulhu
El Culto a Cthulhu está muy extendido por el mundo. Han aparecido huellas de su adoración en Haití, Luisiana, el Pacífico Sur, México, Arabia, Siberia, K’n-yan y Groenlandia. Los sacerdotes inmortales que lideran el culto habitan en un templo secreto en algún lugar de las montañas de China, aunque su verdadero núcleo se hallaba en Arabia, en algún lugar cercano a Irem.

La secta siempre ha permanecido oculta, sumida en un secretismo casi absoluto, pero los isleños hawaianos todavía cuentan leyendas de Kana-loa, el malvado dios-pulpo que fue apresado en el inframundo. Los ritos de Cthulhu se suelen realizar cerca del océano o de grandes masas de agua, y se considera que la Noche de Difuntos es uno de sus días sagrados. Hay rumores que indican que Cthulhu tal vez sólo sea el sumo sacerdote de Yog-Shottoth. Por otro lado, el Señor de R’lyeh está enemistado con su “hermanastro” Hastur el Innombrable, aunque se desconoce la relación exacta que hay entre ambos y las razones del conflicto.

Pronunciación del nombre de Cthulhu
No existe un acuerdo sobre la pronunciación exacta del nombre de Cthulhu. De hecho, incluso el propio nombre del Primigenio ha aparecido escrito de distintas formas, según lo ha interpretado aquel que lo ha oído. Así tenemos Kutulu, Kthulhut, Thu Thu o Tulu. Lovecraft sugirió como pronunciación KLUH-luh, aunque siempre dejó claro que era un nombre que no podía ser dicho correctamente por el aparato fonador humano, ya que es de una lengua alienígena completamente ajena.

Que la pronunciación de Cthulhu no sea precisa es algo típico del estilo lovecraftiano: estilo de la ambigüedad, de lo impreciso, de lo magmático en sus descripciones, hasta sugerir el caos, algo que provoca fobia en lo inconsciente.

Cthulhu Hoy
El Señor de R’lyeh se ha convertido en una emblemática figura de los Mitos de Cthulhu creados originalmente por H. P. Lovecraft. Ha pasado de ser una oscura criatura cuya existencia nos fue revelada por el Maestro de Providence a un ser ampliamente conocido que ha dejado su rastro e influencia en multitud de aspectos de la vida. Cine, literatura, videojuegos, comics, es difícil encontrar un campo en el que no se haya dejado ver a este Primigenio o su influencia. Por ello es una figura fácilmente reconocible. Sin embargo, estos caóticos tiempos que vivimos y el hecho de que el terrorífico Cthulhu se haya vuelto un icono tan popular nos hacen recordar las proféticas palabras de Castro en “La llamada de Cthulhu” que ya he citado más arriba pero que me permito repetir nuevamente: “Ese tiempo sería fácil de conocer, pues entonces la humanidad se parecería a los Grandes Primigenios: salvaje y libre, más allá del bien y del mal, sin moral y sin ley. Y todos los hombres gritarían y matarían, y gozarían alegremente. Los Primigenios, liberados, enseñarían nuevos modos de gritar y matar y gozar, y el mundo entero ardería en un holocausto de libertad y éxtasis.” ¿Y acaso no estamos en un tiempo en que los hombres gritamos y matamos y gozamos alegremente como los Primigenios? La violencia se ha vuelto algo cotidiano en nuestras vidas. En el cine, en la televisión, en los videojuegos, en donde miremos podemos encontrar la exaltación de la muerte y el gozo de matar. Tal vez pronto las estrellas se encuentren en posición y entonces los Primigenios surgirán y seremos uno con ellos.

Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn
En su morada de R’lyeh, Cthulhu aguarda soñando

El Wolpertinger

El Wolpertinger (Crisensus bavaricus) es un animal ficticio que se dice que habita en los bosques alpinos de la Bavaria en Alemania. Su cuerpo está formado por partes de varios animales, generalmente alas, astas y colmillos, todo pegado al cuerpo de un pequeño mamífero. La descripción más habitual es la de un conejo o una ardilla cornudos.

Esta criatura fue inspirada por la aparición de conejos salvajes infectados por el virus del papilloma, que provoca la aparición de tumores parecidos a cuernos en la cabeza y el cuerpo.

El Museo de Caza y Pesca de Munich tiene una exposición permanente de wolpertingers. En ocasiones el museo organiza una exhibición especial de estas criaturas, principalmente en Mardi Gras y April Fool's Day.


viernes, 20 de enero de 2012

La extraña casa en la niebla, de H. P. Lovecraft

La extraña casa en la niebla
Howard Phillips Lovecraft
(Providence, 1890 - Providence, 1937)

De mañana, la niebla asciende del mar por los acantilados de mas allá de Kingsport. Sube, blanca y algodonosa, al encuentro de sus hermanas las nubes, henchidas de sueños de húmedos pastos y cavernas de leviatanes. Y más tarde, en sosegadas lluvias estivales que mojan los empinados tejados de los poetas, las nubes esparcen esos sueños a fin de que los hombres no vivan sin el rumor de los viejos y extraños secretos y maravillas que los planetas cuentan a los planetas durante la noche. Cuando los relatos acuden en tropel a las grutas de los tritones, y las caracolas de las ciudades invadidas por la algas emiten aires insensatos aprendidos de los Dioses Anteriores, entonces las grandes brumas ansiosas se espesan en el cielo cargado de saber, y los ojos que miran el océano desde lo alto de las rocas tan sólo ven una mística blancura, como si el borde del acantilado fuese el límite de toda la tierra, y las campanas solemnes de las boyas tañesen libremente en el éter irreal.

Ahora bien, al norte del arcaico Kingsport, los riscos se elevan con arrogancia, altos y curiosos, terraza sobre terraza, hasta que el más septentrional de todos se recorta en el cielo como una nube gris y helada por el viento. Desolada, sobresale una punta en el espacio ilimitado, ya que la costa tuerce bruscamente allí donde desemboca el gran Miskatonic, después de dejar atrás Arkham, trayendo leyendas de los bosques y recuerdos singulares de las colinas de Nueva Inglaterra. Las gentes marineras de Kingsport miran hacia ese acantilado como miran otros hacia la estrella polar y computan las guardias de la noche según éste oculta o permite ver la Osa Mayor, Casiopea y el Dragón. Para ellos, forma parte del firmamento, y, en verdad, también desaparece cuando la niebla oculta las estrellas o el sol. Sienten cariño por algunos acantilados, como ese al que llaman el Padre Neptuno por su grotesco perfil, o ese otro de peldaños gigantescos al que llaman "La Calzada"; pero éste último les produce temor, porque está muy próximo al cielo. Los marineros portugueses que llegan de viaje se santiguan al verlo, y los viejos yanquis creen que escalarlo, en caso de que fuera posible hacerlo, sería un asunto mucho más grave que la muerte. Sin embargo, hay una casa antigua en ese acantilado, y por la noche se ven luces en sus ventanas de cristales pequeños.

Esa antigua casa está allí desde siempre, y dicen las gentes que habita Uno que habla con las brumas matinales que suben del mar y que quizá ve cosas singulares en el océano cuando el borde del acantilado se convierte en el confín de la tierra y las boyas solemnes tañen libremente en el blanco éter de lo irreal. Eso dicen que han oído contar, pues jamás han visitado ese despeñadero prohibido, ni les gusta dirigir hacia allí sus catalejos. Los veraneantes la han examinado con sus gemelos descarados, pero no han visto otra cosa que el tejado, primordial, puntiagudo, de ripia, con aleros que llegan casi hasta los grises cimientos, y la luz amarillenta de sus pequeñas ventanas, cuando asoma por debajo de esos aleros al oscurecer. Estos visitantes veraniegos no creen que el habitante de la antigua casa esté en ella desde hace siglos; pero no pueden probar semejante herejía a ningún auténtico vecino de Kingsport. Hasta el Anciano Terrible que habla con péndulos de plomo encerrados en botellas, compra comida con viejo oro español, y guarda ídolos de piedra en el patio de su casa antediluviana de Water Street, no puede sino decir que ya vivía allí cuando su abuelo era niño, lo que debió ocurrir hace un montón de años, cuando Belcher o Shirley o Pownall o Bernard era gobernador de la provincia de Massachusetts-Bay al servicio de Su Majestad.

Luego, en verano, llegó a Kingspot un filósofo. Se llamaba Thomas Olney, y enseñaba cosas tediosas en una facultad cercana a Narragansett. Llegó con una esposa robusta y unos hijos retozones, y sus ojos estaban cansados de ver las mismas cosas durante muchos años y de pensar los mismos disciplinados pensamientos. Miró las brumas desde la diadema del Padre Neptuno, y trató de adentrarse en el mundo blanco y misterioso por los titánicos escalones de la Calzada. Mañana tras mañana subía a tumbarse a loa acantilados y contemplar, desde el borde del mundo, el éter misterioso que se extendía más allá, escuchando las campanas espectrales y los gritos insensatos de lo que quizá fueran gaviotas. Luego, cuando levantaba la niebla y el mar recobraba su aire prosaico con el humo de los barcos, suspiraba y bajaba al pueblo, donde le encantaba recorrer los estrechos y antiguos callejones que subían y bajaban por la colina y estudiar los ruinosos hastiales y los portales de extraños pilares que habían cobijado a tantas generaciones de robustos marineros. Incluso habló con el Viejo Terrible, a quien desagradaban los forasteros, y éste le invitó a su casa arcaica y temible, cuyos techos bajos y carcomidos enmaderados escuchan los ecos de inquietantes soliloquios en la oscuridad de las primeras horas de la madrugada.

Naturalmente, fue inevitable que Olney reparase en la casa solitaria y gris del cielo, situada en lo alto de aquel siniestro despeñadero formando un todo común con las brumas y el firmamento. Siempre se alzó sobre Kingsport, y siempre corrió el rumor de su misterio por los callejones tortuosos de Kingsport. El Viejo Terrible le contó a Olney, entre jadeos, una historia que había oído a su padre sobre un rayo que brotó una noche de aquella casa puntiaguda, y se perdió en las nubes más altas del cielo; y la abuela Orme, cuya minúscula casa de Ship Street tiene su techumbre holandesa toda cubierta de musgo y de hiedra, le refirió con voz chillona algo que su abuela había oído contar sobre unas sombras voladoras que salían de las brumas orientales y se dirigían a la única puerta de esa inalcanzable morada, la cual se abre al borde mismo del barranco que desciende hasta el océano y sólo puede verse desde los barcos que cruzan por el mar.

Finalmente, ávido de experiencias nuevas y extrañas, y sin que le contuvieran ni el temor de los vecinos de Kingsport ni la usual indolencia de los veraneantes, tomó Olney una resolución terrible. A pesar de su formación conservadora - o a causa de ella, que las vidas rutinarias albergan anhelos ansiosos de lo desconocido - hizo solemne juramento de escalar aquel acantilado del norte y visitar la casa anormalmente antigua y gris del cielo. Sin duda, su yo racional debió de persuadirle de que sus moradores entraban por la parte de tierra, a través de alguna cresta accesible próxima al estuario del Miskatonic. Probablemente bajaban a comerciar a Arkham, conscientes de lo poco que les gustaba la casa a los Kingsport, o incapaces quizá de descender por la parte del acantilado que daba a Kingsport. Olney recorrió los riscos más accesibles, hasta el pie del gran precipicio que subía a unirse insolente con las cosas celestes, y comprobó de manera patente que ningún ser humano podía escalarlo ni descender por la ladera sur. Al este y al norte se elevaba perpendicularmente también, desde el agua hasta una altura de miles de pies, de forma que sólo quedaba la vertiente norte, la cual miraba hacia tierra y hacia Arkham.

Una mañana de agosto salió Olney en busca de algún sendero que subiera hasta el inaccesible pináculo. Marchó en dirección noroeste por agradables caminos secundarios, pasó por la charca de Hooper y el viejo polvorín de ladrillo gris, hasta llegar allá donde los pastizales coronan la cresta que se asoma sobre el Miskatonic y dominan un precioso panorama de blancos campanarios georgianos de Arkham que se alzan leguas más allá, al otro lado del río y de los prados. Aquí encontró un dudoso camino en dirección a Arkham, aunque no vio ninguno en la del mar, como quería. Los bosques y los prados se apretujaban en la ribera alta de la desembocadura del río, donde no se veía signo alguno de presencia humana, ni siquiera una tapia de piedra, ni una vaca extraviada, sino sólo yerba alta, árboles gigantescos y marañas de zarzas que quizá vieron los primeros indios. A medida que subía lentamente por el este, cada vez más alto, por encima del estuario que quedaba a la izquierda, y cada vez más cerca del mar, el camino se iba haciendo más difícil; hasta que se preguntó cómo se las arreglaban los moradores de aquel desagradable lugar para llegar al mundo exterior, y si bajarían a menudo al mercado de Arkham.

Luego fueron escaseando los árboles y muy por debajo de él, a su derecha, vio las lejanas colinas y los antiguos tejados y campanarios de Kingsport. Incluso Central Hill era una elevación enana vista desde esta altura, y apenas se distinguía el antiguo cementerio situado junto al Hospital Congregacionalista, bajo el cual se decía que había terribles cavernas o pasadizos. Ante sí tenía una extensión de yerba rala y matas de arándanos; más allá estaba la roca pelada del despeñadero y el delgado pico donde se encaramaba la temible casa gris. La cresta se estrechó ahora, y Olney sintió vértigo en la soledad del cielo, con el espantoso precipicio al sur, por encima de Kingsport, y la caída vertical de casi una milla, hasta la desembocadura del río, al norte. De repente descubrió ante sí una zanja de unos diez pies de profundidad, de forma que tuvo que colgarse de las manos en su interior, dejarse caer por su suelo inclinado y después arrastrarse peligrosamente, pendiente arriba, hacia un desfiladero natural que había en la pared opuesta. ¡Este era, pues, el camino que los habitantes de la inusitada casa recorrían entre la tierra y el cielo!

Cuando salió de la zanja se estaba formando una bruma matinal, pero vio claramente la casa impía y orgullosa allá adelante; sus paredes eran grises como la roca, y su elevado pico se alzaba osadamente contra la blancura lechosa de los vapores marinos. Y descubrió que no había puerta en la fachada que miraba hacia tierra, sino sólo un par de ventanucos sucios y enrejados, de cristales redondos, según la moda del siglo XVIII. A todo su alrededor no había más que nubes y caos, y no se distinguía nada por debajo de la blancura del espacio ilimitado. Estaba solo en el cielo, con esta casa extraña e inquietante; y al rodearla precavidamente, en dirección hacia la parte delantera, y ver que no se podía llegar a su única puerta salvo por el éter vacío, sintió un claro terror que la altura no acababa de explicar enteramente. Y era muy extraño que todavía existieran tablas carcomidas que formaban la techumbre, y que los desechos ladrillos formaran aún la chimenea.

Cuando espesó la niebla, Olney reptó de una ventana a otra, por las fachadas norte, oeste y sur, tratando de abrirlas, pero todas estaban cerradas. Se sintió vagamente aliviado al comprobarlo, porque cuanto más miraba la casa, menos deseos tenía de entrar. Entonces, un ruido le hizo detenerse. Oyó un chirrido de cerradura, el ruido de un cerrojo al descorrerse y un gemido largo como si abriesen lentamente una pesada puerta. Sonó en la parte que daba al océano, la que él no podía ver, donde la estrecha puerta se abría al vacío, en el cielo brumoso, a miles de pies por encima de las olas.
A continuación sonaron unas pisadas graves, pausadas, en el interior de la casa, y Olney oyó que abrían las ventanas; primero las que daban al norte, que era el lado opuesto adonde estaba él ahora; después, las del oeste, al otro lado de la esquina. A continuación abrían las del sur, bajo los grandes aleros del lado donde él se encontraba; y hay que decir que se sentía más que incómodo, pensando que tenía la detestable casa a un lado, y al otro el vacío. Cuando le llegó el ruido de las ventanas más próximas, se deslizó otra vez hacia la fachada de poniente, aplastándose contra el muro junto a las que ahora estaban abiertas. Era evidente que el propietario había llegado a casa; pero no había llegado por tierra, ni en globo, ni en ninguna aeronave imaginable. Volvieron a sonar pasos, y Olney se escurrió a la cara norte; pero antes de haber conseguido ocultarse una voz le llamó suavemente, y comprendió que debía enfrentarse con su anfitrión.

Asomado a la ventana oeste vio un rostro con una gran barba negra y ojos fosforescentes que reflejaban la huella de visiones inauditas. Pero su voz era afable y tenía una calidad singularmente antigua, de forma que Olney no sintió temor alguno cuando una mano morena le ayudó a subir el alféizar y asaltar al interior de la baja habitación revestida de oscuro roble y con mobiliario estilo tudor. El hombre vestía ropas antiguas, y le envolvía un halo indefinible de sabiduría marinera y ensueños sobre altos galeones. Olney no recuerda muchos de los prodigios que le contó, ni siquiera quién era; pero dice que era extraño y afable, y poseía la magia de insondables vacíos de tiempo y de espacio. La pequeña habitación parecía verde, a causa de la luz acuosa que la iluminaba, y Olney vio que las ventanas distantes que daban al este no estaban abiertas, sino cerradas al brumoso éter con cristales gruesos como fondos de viejas botellas.

El barbado anfitrión parecía joven, aunque miraba con ojos impregnados de antiguos misterios; y por los relatos de hechos antiguos y prodigiosos que contaba, podía inferirse que tenían razón las gentes del pueblo al decir que comulgaba con las brumas del mar y las nubes del cielo antes de que hubiese un pueblo que contemplara su taciturna mirada desde la llanura de abajo. Y transcurrió el día, y Olney seguía escuchando el rumor de los viejos tiempos y lugares; y oyó cómo los reyes de la Atlántida lucharon contra viscosas blasfemias que salían retorciéndose de las grietas del fondo oceánico, y cómo los barcos extraviados podían ver a medianoche el templo hipóslito de Poseidón, y cómo comprendían al verlo que se habían extraviado para siempre. El anfitrión rememoró los tiempos de los Titanes, pero se mostró reservado al hablar de la era oscura y primera, del caos que precedió a los dioses e incluso al nacimiento de los Anteriores, cuando los otros dioses iban a danzar a la cima del Hatheg-Kla, situado en el desierto pedregoso próximo a Ulthar, más allá del río Skai.

Al llegar a este punto llamaron a la puerta, a aquella antigua puerta de roble tachonada de clavos frentea la cual sólo existía unh abismo de nube blanca. Olney alzó la mirada con temor, pero el hombre barabdo le hizo una seña para que permaneciese en silencio, acudió a la puerta de puntillas y se asomó por una mirilla muy pequeña. No le agradó lo que vio, de modo que se llevó un dedo a la boca, y corrió con sigilo a cerrar las ventanas y pasar las fabellas antes de regresar a su antigua butaca junto a su invitado. Entonces Olney vio recortarse sucesivamente contra los rectángulos traslúcidos de cada una de las pequeñas vetanas, conforme el visitante daba vuelta en torno a la casa antes de marcharse, una silueta negra y extraña, y se alegró de que su anfitrión no contestara a esas llamadas. Porque hay extraños seres en el gran abismo, y el buscador de sueños debe tener cuidado de no despertar ni encontrar a los que no le conviene.
Después empezaron a congregarse las sombras: primero, unas sombras pequeñas, furtivas, bajo la mesa; luego, las más atrevidas, por los rincones recubiertos de madera. Y el hombre barbado hizo enigmáticos gestos de oración, y encendió altas velas hincadas en extraños candelabros de latón. De cuando en cuando miraba hacia la puerta como si esperase a alguien; finalmente, unos golpecitos singulares parecieron contestar a su mirada, sin duda reproduciendo algún código secreto y antiguo. Esta vez ni siquiera se asomó por la mirilla, sino que quitó el gran barrote de roble y descorrió el cerroj, abriendo la pesada puerta de par en par a las estrellas y la niebla.

Y entonces, al son de oscuras armonías, entraron flotando en la estancia todos los sueños y recuerdos de los Dioses Poderosos de la tierra. Y unas llamas doradas jugaron con cabelleras de algas, y Olney les rindió homenaje deslumbrado. Allí estaba Neptuno con su tridente, y los bulliciosos tritones, y las fantásticas nereidas, y a lomos de delfines iba una enorme concha dentada en la que viajaba la figura pavorosa y gris de Nodens, Señor del Gran Abismo. Y las caracolas de los tritones emitían espectrales mugidos y las nereidas producían extraños ruidos golpeando grotescas conchas resonantes de desconocidos moradores de las negras cavernas marinas. A continuación, el venerable Nodens tendió una mano arrugada y ayudó a Olney y a su anfitrión a subir a su concha gigantesca, al tiempo que als conchas y los gongos prorrumpían en un clamor tremendo y espantoso. Y el fabuloso cortejo salió aléter ilimitado, y los gritos y el estrépito se perdieron en los ecos de los truenos.

Toda la noche estuvieron los de Kingsport observando el altísimo acantilado, cuando la tormenta y las brumas se abrían transitoriamente; y cuando, hacia las primeras horas de la madrugada, se apagaron las luces débiles de las ventanas, hablaron en voz baja de temores y desastres. Y los hijos y la robusta esposa de Olneyrezaron aldios amable de los anabaptistas, y confiaron en que el viajero pidiera prestados paraguas y chanclos, si no cesaba la lluvia por la mañana. Luego surgió goteante el amanecer envuelto en brumas marinas, y las boyas tañeron solemnes en los vórtices del blanco éter. Y a mediodía, los cuerpos mágicos de unos duendes sonaron por encima del océano mientras Olney descendía de los acntilados al antiguo Kingsport, seco, con los pies ligeros y una expresión lejana en los ojos. No pudo recordar qué había soñado en la casa del anónimo ermitaño, encaramada en el cielo, ni explicar cómo había bajado por aquel despeñadero que no habían podido recorrer otros pies...Ni fue capaz de hablar con nadie de estas cosas, excepto con el Anciano Terrible, quien después murmuró extrañas cosas para su larga y blanca barba, y juró que el hombre que había descendido de aquel despeñadero no era el mismo que había subido, y que en algún lugar, bajo aquel tejado gris y puntiagudo, o en medio de aquella siniestra niebla blanca, se había quedado extraviado el espíritu del que fuera Thomas Olney.

Y desde aquel momento, a lo largo de lentos, oscuros años de monotonía y hastío, el filósofo trabaja y come y duerme y cumple sin queja sus deberes de ciudadano. Ya no añora la magia de las lejanas colinas, ni suspira por secretos que asoman como verdes arrecifes en un mar insondable. Ya no le produce tristeza la monotonía de sus días, y sus disciplinados pensamientos resultan suficientes para su imaginación. Su buena esposa es más fuerte cada vez, y sus hijos se hacen mayores, y más prosaicos y prácticos; pero él no deja de sonreír con orgullo cuando el momento lo requiere. En su mirada no hay un solo destello de inquietud, y si alguna vez presta atención, tratando de escuchar solemnes campanas o lejanos cuernos de duendes, es sólo de noche, cuando vagan libremente los suños antiguos. Jamás ha vuelto a visitar Kingsport, porque a su familia le desagradan las casas viejas y raras y dice que tiene un pésimo alcantarillado. Ahora tienen un precioso chalet en las tierras altas de Bristol, donde no hay elevados riscos y los vecinos son corteses y modernos.

Pero en Kingsport corren extraños rumores, y hasta el Viejo Terrible admite algo que su abuelo no contó. Porque ahora, cuando el viento sopla tumultuoso del norte, azotando la casa elevada que se funde con el firmamento, se rompe al fin ese silencio siniestro y ominoso que siempre fue dañino para los campesinos de Kingsport. Y los viejos hablan de voces agradables que oyen cantar allá arriba, y de risas henchidas de una alegría más grande que la alegría de la tierra; y cuentan que al atardecer las pequeñas ventanas se ven más iluminadas que antes. Dicen también que la fiera aurora llega más a menudo al lugar, vistiendo al norte de brillante azul con visiones de helados mundos, mientras el despeñadero y la casa se recortan negros y fantásticos contra singulares centelleos. Y que las brumas del amanecer son más espesas, y que los marineros no están tan seguros de que todos los tañidos que suenan amortiguados en el mar se deban a las boyas solemnes.

Lo peor, sin embargo, es que se han secado los viejostemores en los corazones de los jóvenes de Kingsport, más inclinados cada vez a escuchar por la noche los rumores distantes que les trae el viento del norte. Juran que ningún daño ni dolor puede habitar en esa casa elevada, ya que las nuevas voces llevan alegría y, con ella, un tintineo de risas y música. No saben qué relatos pueden traer las brumas marinas a ese pináculo encantado del norte, pero ansían conocer a alguno de los prodigios que llaman a la puerta que da al vacío, cuando las luces aumentan de espesor. Los patriarcas temen que algún día suban uno a uno a ese pico inaccesible, y averiguen los secretos seculares que se ocultan bajo el puntiagudo tejado que forma parte de las rocas, las estrellas y los antiguos temores de Kingsport. Están convencidos de que esos jóvenes atrevidos podrán regresar; pero piensan que quizá se apague alguna luz en sus ojos, y algún deseo en sus corazones. Yno desean que un Kingsport extraño, con sus empinados callejones y sus hastiales arcaicos, contemple indiferente el paso de los años, mientras crece el coro de risas, voz tras voz, y se haga más fuerte y desenfrenado en ese desconocido y terrible nido de águilas donde las brumas y los sueños de las brumas se demoran en su trayecto del mar a los cielos.

No quieren que las almas de sus jóvenes abandonen los plácidos hogares y las tabernas de techumbre holandesa del viejo Kingsport, ni desean que suenen con fuerza las risas y canciones del elevado y rocoso lugar. Porque así como la voz recién llegada ha traído nuevas brumas del mar y nuevas luces del norte, así, dicen, otras voces traerán más brumas y luces, hasta que tal vez los viejos dioses (cuya existencia insinúan sólo en susurros por temor a que les oiga el sacerdote congregacionalista) salgan de abajo, abandonen la desconocida Kadath del desierto frío, y vengan a morar en ese despeñadero perversamente apropiado, tan próximo a las suaves colinas y valles de las sencillas y apacibles gentes marineras. No quieren que esto suceda, pues la gente sencill, las cosas que no son de esta tierra son mal recibidas; y además, el Viejo Terrible recuerda a menudo lo que Olney contó sobre la llamada que el morador solitario temía, y la forma negra e inquisitiva que ambos vieron recortarse en la bruma, a través de esas extrañas ventanas traslúcidas en forma de ojo de buey.

Todas estas cosas, sin embargo, sólo las pueden decidir los Dioses anteriores; entretanto, las brumas matinales suben por ese pico vertiginoso y solitario de la vieja casa puntiaguda, esa casa gris de aleros bajos en la que no se ve a nadie, pero a la que la noche trae furtivas luces mientras el viento del norte habla de extrañas fiestas. Suben desde las profundidades, blancas y algodonosas, a reunirse con sus hermanas las nubes, llenas de ensueños sobre húmedos pastos y cavernas de leviatanes. Y cuando los cuentos vuelan densos en las grutas de los tritones, y las caracolas de las ciudades cubiertas de algas elevan sones salvajes aprendidos de los Dioses Anteriores, entonces los grandes vapores de las brumas suben ansiosos en tropel hacia el cielo cargado de saber; y Kingsport, refugiándose inquieto en los acntilados menores, bajo el vaporoso centinela de la roca, ven tan sólo, hacia el océano, una mística blancura, como si el borde del acantilado fuese el confín de la tierra, y las solemnes campanas de boyas tañesen libremente en el éter irreal.

martes, 17 de enero de 2012

The Lost Vikings

The Lost Vikings es un juego de plataformas desarrollado por Blizzard en 1992. El juego se presentaba como un plataformas clásico, aunque implementaba algunas novedades interesantes y un curioso argumento que lo hacían original y atrayente para el público. La principal atracción del juego era el hecho de tener que manejar a los tres personajes, en lugar de lo que sucedía normalmente, en la que solo usabas a uno solo. Además, cada uno de los vikingos disponía de habilidades únicas que era necesario combinar para ir superando los desafíos que presentaban los diferentes niveles. Aunque el juego se presentó originalmente para NES de mano de Interplay, su éxito provocó que un año más tarde aparecieran versiones para Amiga, Amiga CD32, PC y MegaDrive, y en 2003 apareció su última versión, la de GameBoy Advance.

Baleog, Olaf y Eric "El Veloz" son tres hermanos que son abducidos por el malvado emperador alienígena Tomator, que pretende montar un zoológico intergaláctico. Pero los tres vikingos logran escapar de sus celdas y acaban perdidos en el tiempo, tratando de encontrar la forma de regresar a su hogar. Para ello debemos conseguir que los tres vikingos atraviesen la salida de cada nivel.

Para superar los desafíos que presentan cada nivel hay que combinar las habilidades de los tres personajes. Baleog es un feroz guerrero que usa tanto su espada como su arco y flechas, Olaf hace uso de su escudo para retener a los enemigos y para planear cuando cae de grandes alturas. Tambien puede ser usado como plataforma para Eric, cuyas botas le ayudan a saltar y tambien puede tomar carrerilla para embestir muros o enemigos. Además de estas habilidades que deben ser combinadas para ir superando los desafíos, también hay botones, interruptores, palancas y ascensores que pueden ser usados por cualquiera de los tres vikingos.

El juego nos hace recorrer 6 mundos, cada uno con escenarios, desafíos y enemigos propios.:
  • Nave de Tomator. Es el primer mundo. Los vikingos acaban de escapar de ser abducidos y tratan de escapar de la nave.
  • Prehistoria. Primera parada de los vikingos perdidos, donde tendrán que enfrentarse a dinosaurios y cavernícolas.
  • Antiguo Egipto. El desierto y las pirámides serán el siguiente escenario a recorrer. Los escorpiones y las momias no se lo pondrán nada fácil.
  • La Gran Fábrica. Bienvenidos a la era industrial. Cintas transportadoras, electorimanes y demás artilugios mecánicos les haran la vida imposible a nuestros héroes.
  • El Mundo Absurdo. Nada tiene sentido en este lugar incoherente y lleno de dulces y chocolates.
  • Nave de Tomator. Regreso a la nave para luchar contra el malvado Tomator y así poder regresar finalmente a su hogar.

La dificultad de los niveles es creciente a medida que avanzamos por los diferentes mundos, con desafíos que requieren usar la lógica para encontrar la respuesta. Sin embargo, un diseño original y simpático de los escenarios, protagonistas y antagonistas, así como su sencilla jugabilidad, hicieron de este juego un éxito muy adictivo.

Tras el éxito de este juego y la aparición de sus versiones para otras plataformas, Blizzard publicó en 2004 Lost Vikings II. En esta secuela, aparecían dos nuevos personajes y los vikingos estaban equipados con armas de alta tecnología (espada y arco laser, botas cohete y escudo de alta resistencia). Sin embargo, aunque no hubo posteriores continuaciones de la saga, los vikingos han tenido sus cameos en juegos como Rock N' Roll Racing y World of Warcraft. En este último juego se los puede encontrar en la mazmorra de Uldaman.

La Bestia de Gévaudan

Durante el periodo comprendido entre los años 1764 y 1767, una extraña y sanguinaria criatura conocida como la Bestia, asoló la región de Gévaudan, Francia. ¿Hombre lobo? ¿Lobos rabiosos? ¿Algún exótico animal escapado de un zoo o de la colección privada de un rico? Realmente es difícil decirlo, porque los hechos se mezclan con las especulaciones y se condimentan con las exageraciones. Sin embargo, lo que es indudable es que durante esos años algún tipo de criatura atacó a los habitantes de la región sembrando el caos a su paso. Pero... ¿qué había realmente detrás de todo aquello?

A la Bestia se le atribuye la muerte de más de 130 campesinos, en su mayoría mujeres y niños, que fueron encontrados despedazados por los dientes de algún animal. En algunos casos las víctimas fueron encontradas decapitadas o partidas por la mitad, lo que demuestra la enorme violencia con la que fueron asesinadas. Son menores los casos de animales domésticos muertos por la Bestia, pues parece que ésta prefería la carne de los pastores a la de sus ganados.

La mayor parte de los ataques se registraron en los alrededores de Aveyron. El primero de ellos se produjo el 30 de junio de 1764, día en que asesinó a Jeane Boullet, de 14 años. En los tres meses siguientes, la Bestia atacó y mató salvajemente a dos niñas, dos niños y una mujer. En invierno, con el animal acuciado por el hambre, las muertes ascendieron hasta el punto de que se producía una víctima o dos cada semana. En esa época, los bosques de Gévaudan acogían una población considerable de lobos, pero los testimonios de los pocos testigos y supervivientes rechazaron su autoría. Describían al animal como una bestia gigantesca de pelo rojizo con un tamaño mucho mayor que el de un lobo, con rayas negras en los cuartos traseros y una cresta de pelos largos sobre el lomo. La cola era larga y musculosa, y las mandíbulas, bien desarrolladas y llenas de dientes enormes. Los rastreadores y cazadores que acudieron al lugar atraídos por las recompensas ofrecidas para quien capturase al monstruo, encontraron huellas de tamaño considerable y le calcularon un peso de unos 100 kg. Durante meses se mataron grandes cantidades de lobos en la zona, pero la bestia era increíblemente escurridiza. Llegó a mencionarse que las balas rebotaban sobre su lomo y los aterrorizados campesinos opinaban que era el mismo Demonio venido del infierno. Pronto llegó a considerarse un problema nacional, y el propio rey Luis XV envió un cuerpo de dragones de caballería para abatirla, sin resultados, al que posteriormente se unirían otros tres. Para entonces el año de 1764 había acabado y las víctimas ya eran 54.

Según el testimonio de uno de los capitanes de los dragones, logró ver cara a cara a la Bestia antes de que ésta consiguiese huir. Era tan grande como su propio caballo, pero pronto lo dejó atrás con facilidad, pues lo superaba ampliamente en velocidad y agilidad. Mientras huía, él y los hombres que le acompañaban descargaron varias decenas disparos contra ella que ni siquiera parecieron atravesar su piel.

El asunto de la Bestia de Gévaudan traspasó fronteras y llegó a considerarse un problema serio para el gobierno de Luis XV, entonces recién salido de la Guerra de los Siete Años. Las potencias extranjeras comentaban jocosas cómo el ejército francés podía pensar siquiera en la victoria si sus mejores tropas no eran capaces de capturar un "simple" lobo en mitad de su propio país. Pronto se retiraron de la zona a las autoridades locales por considerarlas inútiles, y se pescó a más de un cazador particular que ponía pistas falsas para despistar a los dragones y aspirar a cobrar la recompensa matando él mismo la Bestia. Se pusieron trampas y se rastreó el monte día y noche, pero la bestia siempre aparecía en otro lugar y continuaba su siniestra matanza.

El nerviosismo se apoderó de la población y estallaron disturbios. Se acusó públicamente a algunos vecinos de ser hombres lobo que se convertían por las noches en la bestia; otros se volvieron contra los gitanos, a los que acusaron de criar alguna bestia salvaje en su circo que había escapado al monte. Los sacerdotes predicaban contra el rey, responsable indirecto de la crisis, o decían que las víctimas eran jóvenes lascivas a las que Dios había enviado la Bestia como castigo. Incluso se llegó a poner en el punto de mira a un noble que había estado en África y criaba en los jardines de su palacio hienas, tigres, leones y perros de presa, acusándolo de cruzar los animales hasta dar con una bestia asesina e indestructible.

Fuese ella o no, lo cierto es que en 1767, con más de 130 muertes en la región, un campesino armado abatió en Gévaudan un lobo descomunal, más grande que cualquiera de los que se podían encontrar en Francia. Poco después se mató una loba también de gran tamaño. La leyenda cuenta que los responsables de las capturas emplearon balas de plata hechas tras fundir medallas de la Virgen María, algo que ha pasado posteriormente al imaginario colectivo como la única forma de matar un hombre-lobo. Al menos uno de los ejemplares fue llevado a París, donde llegó en un estado de putrefacción muy avanzado, lo que impidió disecarlo. Su esqueleto fue expuesto en el Museo Real de la ciudad hasta su destrucción en un incendio. A pesar de que el esqueleto se ha perdido, las descripciones parecen indicar que se trataba de una gran subespecie de lobo de los Alpes, extinta en el siglo XIX. La falta de animales grandes que estos lobos encontraron en su nuevo hogar les habrían impulsado a alimentarse de los humanos, fáciles de capturar y matar. Desde entonces, no se ha producido ningún ataque similar a los de la Bestia.

Los ataques ocurridos en Gévaudan no fueron casos aislados. Un siglo antes, en 1693, ocurrieron ataques similares en Benais, donde hubo cerca de 100 víctimas, la mayoria mujeres y niños. La bestia responsable fue descrita de forma muy similar a la de Gévaudan. Durante los sucesos de Gévaudan fue vista una bestia el 4 de agosto de 1767 en Sarlat, una región con cuevas prehistóricas situada cerca de Gévaudan. Cuatro decadas después, entre 1809 y 1813, hubo más ataques en Vivaris, donde hubo al menos 21 víctimas (niños y adolescentes). Entre 1875 y 1879, hubo más ataques en L'Indre. Todos estos ataques ocurrieron en periodos de 4 años. Existen informes de ataques por parte de criaturas similares hasta 1954.

La posible identidad de la bestia
Ateniéndonos a las descripciones de la época, probablemente exageradas en cuanto al tamaño y cualidades de la bestia del Gévaudan, se pueden sacar varias conclusiones que nos pueden ayudar a la hora de establecer su identidad:

Parece cierto que un animal con características poco comunes fue capaz de atacar y matar a varias decenas de personas en la segunda mitad del siglo XVIII en los bosques de la región del Gévaudan. Las cifras varían, según las fuentes consultadas entre 70 y 140 muertes. Es probable que la cifra real de muertes se ajuste más a 70, si bien hay que tener en cuenta que se produjeron varias decenas de heridos.

El hecho de que la mayoría de víctimas mortales fueran mujeres y niños, algunas de las cuales presentaban signos evidentes de haber sufrido abusos sexuales antes o después de su muerte, hace creíble pensar que una o más personas, aprovechándose de las circunstancias, dieran rienda suelta a sus peores instintos, violando, asesinando y mutilando a varias de las víctimas atribuidas a la bestia. Los restos de estos crímenes, abandonados en los bosques no tardarían en ser localizados y devorados por animales que pudieron cargar con la culpa de la autoría de los hechos.

El hecho más interesante de esta historia, parece ser el llegar a averiguar la especie animal capaz de provocar tantas muertes ajustándonos a las descripciones emitidas por quienes tuvieron la "fortuna" de ver al animal. Dejando de un lado posibles animales fantásticos y hombres-lobo, los candidatos más probables serían los siguientes:

Lobos: En 1764 en esa zona abundaban los lobos. Los lobos eran muy temidos, principalmente por toda la mitología asociada a ellos y por los ataques que realizaban al ganado doméstico. De hecho, fueron cazados muchos ejemplares durante las numerosas batidas que se realizaron para tratar de acabar con la bestia. Uno de ellos, de un tamaño enorme, fue abatido por un habitante de la zona y tras ello parece ser que los ataques (o las informaciones sobre ellos) disminuyeron durante un breve período. Como las muertes continuaban y era un hecho difícil de silenciar, las partidas de caza volvieron a los bosques del Gévaudan, acabando con la vida de otro gran ejemplar de lobo que se dijo podría ser la pareja del anterior (las fuentes hablan de unas dimensiones de 1,8 m. desde la base de la cola hasta la punta del hocico y 65 kg de peso). Para añadirle más intriga a la historia, el esqueleto del animal abatido se conservó en un museo de París hasta 1830 cuando fue destruido por un incendio. Es muy improbable que un lobo solitario fuese capaz de realizar todos los ataques ya que no concuerda en absoluto con el comportamiento de la especie. Un grupo de lobos actuando coordinadamente sí serían capaces de realizar estos ataques, pero los testimonios siempre coinciden en que se trataba de un único animal. Además, los humanos sólo en muy raras ocasiones han sido víctimas de los lobos. Sí se conocen casos bien documentados de otros animales causantes de decenas de muertes de personas en otros continentes, en los cuales ejemplares aislados de animales como leones, tigres o leopardos se acostumbraron a cazar y devorar hombres ya que les resultaban presas muy fáciles de capturar. Se habla también de una supuesta subespecie de lobo extinta en el siglo XIX, de mayor tamaño y ferocidad que las actuales, como posible candidato. Este dato habría que tomarlo en principio como poco fiable, aunque es cierto que en muchas especies de animales por diversos motivos surgen muy de vez en cuando individuos de mayor tamaño que la media habitual (así como también surgen otros de menor tamaño de lo habitual). En cualquier caso nunca estaríamos hablando de un animal del tamaño de una res y 500 kg de peso, como aseguraban algunas de las descripciones de la época.

Especies exóticas: en el siglo XVIII en Europa, ya vivían en cautividad numerosas especies exóticas procedentes de todo el mundo. Leones, leopardos, tigres, hienas, pumas... cualquiera de estos animales escapado de su cautiverio, podría adaptarse a vivir en libertad en una zona boscosa con recursos suficientes para proporcionarles alimento y cobijo. Algunas de las descripciones del animal dicen que tenía un gran tamaño, pelaje de color rojizo, con una cresta de pelo en el dorso y varias franjas verticales más oscuras en la parte posterior del cuerpo. Esta descripción podría adecuarse a primera vista a una hiena rayada, y de hecho varios autores contemporáneos y posteriores a los sucesos apuntaron a este animal como probable causante de los ataques, aunque si bien este animal puede tener un comportamiento agresivo en ocasiones, no es plausible que ataque, mate y devore a decenas de personas. Otro tanto podría decirse del tilacino o lobo marsupial de Tasmania, con el cual se ajustan varias de las descripciones: hocico alargado, grandes fauces, capacidad de dar grandes saltos y cuartos traseros atigrados. Este animal (presuntamente extinto a mediados del siglo XX) ya era conocido a finales del siglo XVIII por los colonos de Australia y Tasmania (y por los aborígenes desde mucho antes), aunque la posibilidad de que hubiera en Europa algún ejemplar en 1764 traído por algún barco desde las antípodas, se antoja muy remota. Tampoco el tamaño y su supuesta ferocidad se ajustan a esta especie. Existen ejemplares de tigres cuyas típicas rayas verticales están casi limitadas a sus cuartos traseros y desde luego un tigre es perfectamente capaz de llevar a cabo la mayoría de actos supuestamente cometidos por la bestia del Gévaudan. Tendríamos por tanto, en un tigre escapado de cautividad como posible (aunque muy poco probable) candidato a ser nuestra misteriosa bestia.

Híbridos: el único caso creíble (y probable) en esa zona, sería un híbrido producido entre un perro y un lobo o entre dos razas grandes de perro. Son relativamente frecuentes y conocidos los casos de cruces fortuitos entre perros y lobos, ya que comparten un material genético prácticamente idéntico, y además en este caso concreto pueden generar descendencia con capacidad reproductora. Sería muy interesante ver el resultado del cruce entre un lobo y una especie de perro de gran tamaño (un mastín o un dogo alemán, por ejemplo). Por otro lado, las peleas organizadas entre perros de presa entrenados para la lucha y otros animales (osos, lobos, tejones, etc.) ya eran habituales en toda Europa desde hacía varios siglos. Esos perros utilizados para batidas de caza, peleas y guerras, muchas veces eran cubiertos parcialmente por sus dueños con protecciones de cuero y metal para evitar las heridas que les pudieran producir sus adversarios. Este hecho, también podría explicar, al menos en parte, el extraño aspecto de la bestia ante los ojos de los testigos. No sería difícil imaginar lo que podría hacer un híbrido de las especies antes mencionadas abandonado en una zona habitada y teniendo que subsistir por sus propios medios... Por todo ello, esta última es la posibilidad que parece más aceptable, teniendo en cuenta los datos que se poseen y las descripciones de los testigos, ¿sería un híbrido entre un lobo y un gran perro de presa la famosa bestia del Gévaudan?

El pacto de los lobos
En 2001, el director francés Christophe Gans llevó la historia de la Bestia a la gran pantalla en la película El pacto de los lobos (Le Pacte des loups). En ella, los actores Samuel Le Bihan y Mark Dacascos interpretan respectivamente al botánico y ex-soldado Grégoire de Fronsac y su ayudante indio Mani, contratados por la corona francesa para documentar científicamente la verdadera naturaleza de la Bestia de Gévaudan y abatirla. Jugando con los hechos reales y las invenciones para el guión, Gans postula la posibilidad de que los grandes lobos muertos en 1767 no fuesen de verdad la Bestia, sino que estas capturas fuesen un fraude cometido por el propio Luis XV para acabar con el problema de cara a la galería.

Según la película, verdadero responsable sería realmente una bestia entrenada desde la infancia por el noble Jean-François de Morangias, destacado durante unos meses en Senegal y que a la vuelta se había traído una camada de cachorros de león tras matar a su madre. Morangias, miembro de una sociedad secreta tradicionalista llamada El Pacto de los Lobos, con importantes miembros en la nobleza local y la Iglesia, pretendía con ello socavar el prestigio de la Corona y causar la caída del rey, acusado de ser demasiado moderno por los estamentos tradicionales.

lunes, 16 de enero de 2012

El Cuervo, Edgar Allan Poe


El Cuervo 
Edgar Allan Poe
(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)


Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

domingo, 15 de enero de 2012

Brian Yuzna, fantasía, terror y Serie B

Brian Yuzna (Filipinas, 1951), es un escritor, director y productor de películas de cine fantástico y de terror.

Debido al tratamiento que hace de estos géneros y los presupuestos con los que suele contar, se le puede clasificar como un director de serie B que ha dado al género algunas películas de culto como Re-animator.

Nacido en Filipinas (razón por la que habla un perfecto español), creció en Nicaragua, Puerto Rico y Panamá antes de trasladarse a Estados Unidos para ir a vivir a Los Angeles, donde se introduciría en el mundo del cine, su principal afición. Su primer trabajo fue como productor, uniendo sus ahorros y esfuerzos con el que es su compañero de carrera, el director Stuart Gordon, con quien ha colaborado en múltiples ocasiones. Con las aportaciones económicas propias y varios prestamos logró financiar una película comercial de terror que ser convertiría en un film de culto, Re-Animator, que además le haría unirse también al actor Jeffrey Combs, a quien podemos ver en muchas otras películas de Yuzna y Gordon.

Tras producir Re-Sonator y Dolls en Italia, Yuzna se decide a dar su primer paso como director. El resultado es Society, una sátira visión de las diferencias de clase social, que se queda grabada gracias también a los FX de Screaming Mad George, otro nombre asociado habitualmente a Brian.

Tras esto, volvió a unir esfuerzos con Stuart Gordon escribiendo el guión de Cariño, He Encogido a los Niños, película que también producen ambos. Pero con su siguiente trabajo regresa al cine de terror de serie B para dirigir La Novia de Re-Animator. En esta secuela sigue el esquema de la película original, aunque con un tono más ácido, volviendo a demostrar que no se trata de un director convencional.

Tras esto, volvería a hacer varias secuelas, la cuarta entrega de Silent Night, Deadly Night, y la tercera parte de la saga de el Regreso de los Muertos Vivientes, titulada Mortal Zombie.

Mientras, continuaba su labor como productor, muy asociada al cine japonés, produciendo adaptaciones de manga como Crying Freeman o the Guyver, y llevando a EEUU a directores como Steve Wang o Shusuke Kaneko. También dirigió junto a Chistopher Gans y Shusuke Kaneko en 1993 H.P. Lovecraft's Necronomicon, una película formada por tres historias cortas relacionadas con el necronomicón y unidas por una historia central protagonizada por Jeffrey Combs en el papel de Lovecraft. Tras las dos entregas de la saga de el Dentista, Julio Fernández le ofrece a Yuzna liderar la Fantastic Factory, creando una compañía española dispuesta a competir en el mercado del fantástico internacional. Yuzna se encarga de la dirección de cuatro de las nueve películas que llego a realizar Fantastic Factory: Faust (2000), Beyond Re-Animator (2003), Rottweiller (2004) y Bajo aguas tranquilas (2006).

Tras el cierre de Fantastic Factory, Yuzna ha seguido su trabajo como productor en las películas Takut: Faces of Fear (2008) y Amphibous 3D (2010), y sigue en activo con otros proyectos.

sábado, 14 de enero de 2012

Criptozoología o la búsqueda del animal enigmático

La criptozoología (del griego cryptos, "oculto", zoos, "animal" y logos, "estudio") se puede traducir literalmente como "El estudio de los animales ocultos". Es la disciplina que realiza el estudio y/o búsqueda de hipotéticos animales actuales denominados "críptidos", que según sus partidarios, quedarían fuera de los catálogos de zoología contemporánea. Su objetivo es la búsqueda de supuestos animales considerados extintos y/o desconocidos para la ciencia, pero presentes en la mitología y el folclore. La criptozoología ha recibido muy poca atención desde la comunidad científica y los escépticos, quienes la consideran como una pseudociencia.

Ámbito de la criptozoología
Aquellos que se dedican al estudio de esta disciplina reciben el nombre de criptozoólogos, mientras que las criaturas objetivos de la misma son denominados críptidos.

En la criptozoología, se presume la hipotética existencia real de los críptidos, ya que algunas de las características que presentarían estos animales hacen creer que existen posibilidades de que estas criaturas existan.

También se dedica al estudio de presuntos animales desconocidos, cuya existencia ha sido informada a través del tiempo. También entrarían en su campo aquellos seres que han sido avistados ocasionalmente por testigos y que su descripcion coincida con las características de animales extintos.

Aunque popular y antiguamente se asociaba a la criptozoología con todas las criaturas mitológicas presentes en los mitos o leyendas, los criptozoólogos modernos no se dedican a estudiar a todas estas criaturas fantásticas. Para que una de ellas sea estudiadas y catalogada como críptido, debe de presentar las características anteriormente mencionadas.

Igualmente, la criptozoología propone dentro de su ámbito a ciertos descubrimientos de la zoología, realizados por zoólogos o por simple casualidad, los cuales son citados y utilizados como justificación de su disciplina. Entre estos animales los más conocidos son la mariposa esfinge de Morgan (cuya existencia fue predicha por Charles Darwin), el calamar gigante (del cual afirman que originó la leyenda del kraken), el celacanto (que se creía extinto), o el okapi (cuyo descubrimiento causó impacto mundial), entre otros.

Historia de la criptozoología
La invención de este término suele atribuirse al zoólogo Bernard Heuvelmans, quien definió la criptozoología como «el estudio de los animales sobre cuya existencia sólo poseemos evidencia circunstancial y testimonial, o bien evidencia material considerada insuficiente por la mayoría». Su libro de 1955 “Tras la pista de animales desconocidos” es a menudo visto como el génesis de esta disciplina, pero el mismo Heuvelmans remontó dichos orígenes a Anthonid Cornelis Oudemans y su estudio de 1892 “La gran serpiente marina”.

Posteriormente, Heuvelmans argumentó que la criptozoología debía ser practicada con rigor científico, pero también con una actitud abierta e interdisciplinaria, dando a estos términos un sentido ajeno al de "rigor científico". Además, según Heuvelmans, se debe también prestar especial atención a las tradiciones y creencias populares sobre estas criaturas. Aunque suelen estar cubiertas de elementos fantásticos e inverosímiles, las leyendas populares pueden contener alguna parte de verdad que pudiera ayudar a guiar la investigación de los informes sobre "animales inusuales".

El okapi, que por años fue conocido solo por los relatos recopilados de los pigmeos, es usado como emblema de la International Society of Cryptozoology, a pesar de no haber sido descubierto por criptozoólogos. La editorial Espasa Calpe, publicó en 1963 “El pez pulmonado, el dodo y el unicornio” traducido del inglés por José Banfi y Alfredo B. Besio, de Willy Ley y publicado originalmente bajo el título de “The Lungfish, the dodo, and the Unicorn” en 1941, 1945 y 1948 por The Viking Press Inc. Entre los criptozoólogos con titulación universitaria en Zoología tenemos (además del fundador Bernard Heuvelmans) a Karl Shuker, Loren Coleman y otros.

Actualmente, está en auge. Hay muchas páginas de internet de aficionados a los misterios y seguidores de la criptozoología, y numerosas empresas privadas y organismos publicos promocionan y rentabilizan la criptozoologia como un medio para vender sus productos o atraer turistas.

Críticas a la criptozoología
Entre las críticas realizadas a la criptozoología destacan:
  • Se alega que a veces los criptozoólogos modifican radicalmente las características de seres mitológicos o legendarios para hacerlas cuadrar con los rasgos de animales extintos y así darles verosimilitud. Es el caso del mapinguarí: los nativos de las selvas de Brasil y Bolivia lo describen como un monstruo humanoide horripilante que da fuertes gritos, tiene los pies vueltos del revés y posee una boca hedionda en el abdomen. Para los criptozoólogos, sin embargo, es un tímido y asustadizo megaterio.
  • Los criptozoólogos nunca han descubierto realmente un solo "críptido" ni hallado pruebas científicamente convincentes de su existencia. Los zoólogos, en cambio, encuentran cada año cientos de especies nuevas. Por ello, la criptozoología pretende hacer suyos ciertos descubrimientos de la zoología, y darle las características de un "críptido".


Según los criptozoólogos, esa afirmación denota, o bien un absoluto desconocimiento de la historia de la zoología, o bien simple mala fe. Según ellos el problema de fondo radica en que la criptozoología, por su propia definición, es la única disciplina cuyos éxitos disminuyen su campo de aplicación: toda nueva especie descrita sale automáticamente de la criptozoología para entrar en la zoología. Un caso que se suele citar como descubrimiento de un críptido es el del kraken, del que los seguidores de la criptología alegan que que corresponde a varias especies de calamares gigantes. A esto los críticos responden que los calamares gigantes no son el kraken.

La alegación de que la criptozoología fallaría al utilizar el método científico, ya que el método científico requiere que las hipótesis sean descartadas cuando no se cumplan sus predicciones; pero la creencia en los "críptidos", en cambio, se sostiene indefinidamente sin que los resultados negativos les afecten.

Las faltas de evidencias a la hora de encontrarlos se justifican con explicaciones ad hoc ("es un animal tímido", "se esconde en áreas poco exploradas", "su población es muy escasa", etc.). Igualmente, de forma equivocada, hay "críptidos" originados en el folklore que se les asignan nombres zoológicos (violando las normas de la nomenclatura zoológica), se les describe y se les identifica con animales fósiles, etc; todo ello sin pruebas sólidas de su existencia. Por estas razones, los escépticos y científicos las consideran como una pseudociencia.

Producto de lo mencionado anteriormente, en numerosas ocasiones, sucede que varios de los criptozoólogos no aceptan los argumentos científicos que van en contra de muchas de las presuntas pruebas que tendrían. Ejemplo de ello es lo que sucede con las supuestas huellas del Yeti, las muestras de pelo del Orang Pendek, o los numerosos videos y fotografías de las criaturas lacustres, las cuales han sido descartadas como pruebas científicas.

Además una de las grandes dificultades con los que cuenta la criptozoología es que resulta imposible desde un punto de vista racional y científico el demostrar la existencia de ciertos animales singulares. La explicación es sencilla: aquellos que mantienen la existencia de seres folklóricos o mitológicos como el monstruo del Lago Ness, Pié Grande, etc. olvidan que la existencia de un único individuo de una especie de forma indefinida en la naturaleza, es genética y naturalmente imposible. Es necesaria una población mínima de individuos de una especie para conseguir la reproducción y asegurar la necesaria diversidad genética que les haga subsistir en su medio. Así, al admitir la existencia de "Nessie" por ejemplo, se estaría admitiendo implícitamente la existencia no de un sólo individuo sino de una población genéticamente viable de estos supuestos seres.

A veces dentro de la criptozoología existen apoyo o están involucrados grupos con intereses religiosos relacionados con el creacionismo, los cuales solo realizan una investigación con características subjetivas, solo interesados en mantener y difundir la creencia en la existencia actual de animales extintos (principalmente dinosaurios, además de otros animales prehistóricos), para así negar su extinción y tratar de sostener y mantener la creencia del diluvio universal al sostener el argumento de que estos animales o grupos de animales fueron salvados por el Arca de Noé.

Para algunos, la criptozoología no es una disciplina científica porque parte de indicios de validez discutible, como testimonios o restos materiales dudosos. Pero la finalidad de la criptozoología es, precisamente, la obtención de pruebas definitivas de la existencia (o inexistencia) de nuevas especies a partir de dichos indicios.

Se alega que, si los críptidos existen, como es que no se han encontrado todavía. A esto se responde que sí se han encontrado algunos. Además, lo mismo podría decirse de las nuevas especies descubiertas: ¿por qué no se han descubierto antes?; a lo que se responde, que a diferencia de los criptidos, las nuevas especies descubiertas generalmente no fueron buscadas, sino que fueron descubiertas.

Conclusión
La siguiente es mi opinión personal sobre el tema. Invito a todos los que lean este tema a que se sientan libres de compartir sus pensamientos, ya sea a favor o en contra de lo expuesto.

La criptozoología es una disciplina que, debido a su caracter, muestra poco rigor científico. Es obvio que el folclore y las leyendas locales pueden servir como base para ayudar a descubrir nuevas especies animales, pero no por ello debemos dejar volar nuestra imaginación ni lanzarnos a la caza de seres fantásticos. La zoología, al igual que cualquier otra ciencia, no es perfecta y está sujeta a la falibilidad humana, pero es una ciencia que se asienta sobre una base fuerte y que nos permite descubrir e identificar nuevas especies. Los hallazgos de algunas nuevas especies pueden hacer que reencontremos animales que se creían extintos (como el celacanto) o dar con otros completamente nuevos, pero siempre se hará con una base de rigor y criterio contrastados. De lo contrario entraríamos en un campo más difuso, con la perdida de credibilidad y fiabilidad que ello conllevaría.

Por todo ello, considero que la criptozoología roza peligrosamente el ámbito de las pseudociencias y que carece del rigor que debería caracterizar a una auténtica ciencia. Adentrarse en el estudio de seres míticos puede ser interesante, pero no hay que olvidar que debemos andarnos con pies de plomo, pues el entusiasmo desmedido o la falta de criterio han dado ya con fracasos y falsos descubrimientos y ese no es el mejor camino para el avance de la ciencia.