jueves, 24 de abril de 2014

Dagón, de H. P. Lovecraft


Jeff Remmer

Dagón
Howard Phillips Lovecraft
(Providence, 1890 - Providence, 1937)


Escribo esto bajo una fuerte tensión mental, ya que cuando llegue la noche habré dejado de existir. Sin dinero, y agotada mi provisión de droga, que es lo único que me hace tolerable la vida, no puedo seguir soportando más esta tortura; me arrojaré desde esta ventana de la buhardilla a la sórdida calle de abajo. Pese a mi esclavitud a la morfina, no me considero un débil ni un degenerado. Cuando hayan leído estas páginas atropelladamente garabateadas, quizá se hagan idea -aunque no del todo- de por qué tengo que buscar el olvido o la muerte.

Fue en una de las zonas más abiertas y menos frecuentadas del anchuroso Pacífico donde el paquebote en el que iba yo de sobrecargo cayó apresado por un corsario alemán. La gran guerra estaba entonces en sus comienzos, y las fuerzas oceánicas de los hunos aún no se habían hundido en su degradación posterior; así que nuestro buque fue capturado legalmente, y nuestra tripulación tratada con toda la deferencia y consideración debidas a unos prisioneros navales. En efecto, tan liberal era la disciplina de nuestros opresores, que cinco días más tarde conseguí escaparme en un pequeño bote, con agua y provisiones para bastante tiempo.

Cuando al fin me encontré libre y a la deriva, tenía muy poca idea de cuál era mi situación. Navegante poco experto, sólo sabía calcular de manera muy vaga, por el sol y las estrellas, que estaba algo al sur del ecuador. No sabía en absoluto en qué longitud, y no se divisaba isla ni costa algunas. El tiempo se mantenía bueno, y durante incontables días navegué sin rumbo bajo un sol abrasador, con la esperanza de que pasara algún barco, o de que me arrojaran las olas a alguna región habitable. Pero no aparecían ni barcos ni tierra, y empecé a desesperar en mi soledad, en medio de aquella ondulante e ininterrumpida inmensidad azul.

El cambio ocurrió mientras dormía. Nunca llegaré a conocer los pormenores; porque mi sueño, aunque poblado de pesadillas, fue ininterrumpido. Cuando desperté finalmente, descubrí que me encontraba medio succionado en una especie de lodazal viscoso y negruzco que se extendía a mi alrededor, con monótonas ondulaciones hasta donde alcanzaba la vista, en el cual se había adentrado mi bote cierto trecho.

Aunque cabe suponer que mi primera reacción fuera de perplejidad ante una transformación del paisaje tan prodigiosa e inesperada, en realidad sentí más horror que asombro; pues había en la atmósfera y en la superficie putrefacta una calidad siniestra que me heló el corazón. La zona estaba corrompida de peces descompuestos y otros animales menos identificables que se veían emerger en el cieno de la interminable llanura. Quizá no deba esperar transmitir con meras palabras la indecible repugnancia que puede reinar en el absoluto silencio y la estéril inmensidad. Nada alcanzaba a oírse; nada había a la vista, salvo una vasta extensión de légamo negruzco; si bien la absoluta quietud y la uniformidad del paisaje me producían un terror nauseabundo.

El sol ardía en un cielo que me parecía casi negro por la cruel ausencia de nubes; era como si reflejase la ciénaga tenebrosa que tenía bajo mis pies. Al meterme en el bote encallado, me di cuenta de que sólo una posibilidad podía explicar mi situación. Merced a una conmoción volcánica el fondo oceánico había emergido a la superficie, sacando a la luz regiones que durante millones de años habían estado ocultas bajo insondables profundidades de agua. Tan grande era la extensión de esta nueva tierra emergida debajo de mí, que no lograba percibir el más leve rumor de oleaje, por mucho que aguzaba el oído. Tampoco había aves marinas que se alimentaran de aquellos peces muertos.

Durante varias horas estuve pensando y meditando sentado en el bote, que se apoyaba sobre un costado y proporcionaba un poco de sombra al desplazarse el sol en el cielo. A medida que el día avanzaba, el suelo iba perdiendo pegajosidad, por lo que en poco tiempo estaría bastante seco para poderlo recorrer fácilmente. Dormí poco esa noche, y al día siguiente me preparé una provisión de agua y comida, a fin de emprender la marcha en busca del desaparecido mar, y de un posible rescate.

A la mañana del tercer día comprobé que el suelo estaba bastante seco para andar por él con comodidad. El hedor a pescado era insoportable; pero me tenían preocupado cosas más graves para que me molestase este desagradable inconveniente, y me puse en marcha hacia una meta desconocida. Durante todo el día caminé constantemente en dirección oeste guiado por una lejana colina que descollaba por encima de las demás elevaciones del ondulado desierto. Acampé esa noche, y al día siguiente proseguí la marcha hacia la colina, aunque parecía escasamente más cerca que la primera vez que la descubrí. Al atardecer del cuarto día llegué al pie de dicha elevación, que resultó ser mucho más alta de lo que me había parecido de lejos; tenía un valle delante que hacía más pronunciado el relieve respecto del resto de la superficie. Demasiado cansado para emprender el ascenso, dormí a la sombra de la colina.

No sé por qué, mis sueños fueron extravagantes esa noche; pero antes que la luna menguante, fantásticamente gibosa, hubiese subido muy alto por el este de la llanura, me desperté cubierto de un sudor frío, decidido a no dormir más. Las visiones que había tenido eran excesivas para soportarlas otra vez. A la luz de la luna comprendí lo imprudente que había sido al viajar de día. Sin el sol abrasador, la marcha me habría resultado menos fatigosa; de hecho, me sentí de nuevo lo bastante fuerte como para acometer el ascenso que por la tarde no había sido capaz de emprender. Recogí mis cosas e inicié la subida a la cresta de la elevación.

Ya he dicho que la ininterrumpida monotonía de la ondulada llanura era fuente de un vago horror para mí; pero creo que mi horror aumentó cuando llegué a lo alto del monte y vi, al otro lado, una inmensa sima o cañón, cuya oscura concavidad aún no iluminaba la luna. Me pareció que me encontraba en el borde del mundo, escrutando desde el mismo canto hacia un caos insondable de noche eterna. En mi terror se mezclaban extraños recuerdos del Paraíso perdido, y la espantosa ascensión de Satanás a través de remotas regiones de tinieblas.

Al elevarse más la luna en el cielo, empecé a observar que las laderas del valle no eran tan completamente perpendiculares como había imaginado. La roca formaba cornisas y salientes que proporcionaban apoyos relativamente cómodos para el descenso; y a partir de unos centenares de pies, el declive se hacía más gradual. Movido por un impulso que no me es posible analizar con precisión, bajé trabajosamente por las rocas, hasta el declive más suave, sin dejar de mirar hacia las profundidades estigias donde aún no había penetrado la luz.

De repente, me llamó la atención un objeto singular que había en la ladera opuesta, el cual se erguía enhiesto como a un centenar de yardas de donde estaba yo; objeto que brilló con un resplandor blanquecino al recibir de pronto los primeros rayos de la luna ascendente. No tardé en comprobar que era tan sólo una piedra gigantesca; pero tuve la clara impresión de que su posición y su contorno no eran enteramente obra de la Naturaleza. Un examen más detenido me llenó de sensaciones imposibles de expresar; pues pese a su enorme magnitud, y su situación en un abismo abierto en el fondo del mar cuando el mundo era joven, me di cuenta, sin posibilidad de duda, de que el extraño objeto era un monolito perfectamente tallado, cuya imponente masa había conocido el arte y quizá el culto de criaturas vivas y pensantes.

Confuso y asustado, aunque no sin cierta emoción de científico o de arqueólogo, examiné mis alrededores con atención. La luna, ahora casi en su cenit, asomaba espectral y vívida por encima de los gigantescos peldaños que rodeaban el abismo, y reveló un ancho curso de agua que discurría por el fondo formando meandros, perdiéndose en ambas direcciones, y casi lamiéndome los pies donde me había detenido. Al otro lado del abismo, las pequeñas olas bañaban la base del ciclópeo monolito, en cuya superficie podía distinguir ahora inscripciones y toscos relieves. La escritura pertenecía a un sistema de jeroglíficos desconocido para mí, distinto de cuantos yo había visto en los libros, y consistente en su mayor parte en símbolos acuáticos esquematizados tales como peces, anguilas, pulpos, crustáceos, moluscos, ballenas y demás. Algunos de los caracteres representaban evidentemente seres marinos desconocidos para el mundo moderno, pero cuyos cuerpos en descomposición había visto yo en la llanura surgida del océano.

Sin embargo, fueron los relieves los que más me fascinaron. Claramente visibles al otro lado del curso de agua, a causa de sus enormes proporciones, había una serie de bajorrelieves cuyos temas habrían despertado la envidia de un Doré. Creo que estos seres pretendían representar hombres... al menos, cierta clase de hombres; aunque aparecían retozando como peces en las aguas de alguna gruta marina, o rindiendo homenaje a algún monumento monolítico, bajo el agua también. No me atrevo a descubrir con detalle sus rostros y sus cuerpos, ya que el mero recuerdo me produce vahídos. Más grotescos de lo que podría concebir la imaginación de un Poe o de un Bulwer, eran detestablemente humanos en general, a pesar de sus manos y pies palmeados, sus labios espantosamente anchos y fláccidos, sus ojos abultados y vidriosos, y demás rasgos de recuerdo menos agradable. Curiosamente, parecían cincelados sin la debida proporción con los escenarios que servían de fondo, ya que uno de los seres estaba en actitud de matar una ballena de tamaño ligeramente mayor que él. Observé, como digo, sus formas grotescas y sus extrañas dimensiones; pero un momento después decidí que se trataba de dioses imaginarios de alguna tribu pescadora o marinera; de una tribu cuyos últimos descendientes debieron de perecer antes que naciera el primer antepasado del hombre de Piltdown o de Neanderthal. Aterrado ante esta visión inesperada y fugaz de un pasado que rebasaba la concepción del más atrevido antropólogo, me quedé pensativo, mientras la luna bañaba con misterioso resplandor el silencioso canal que tenía ante mí.

Entonces, de repente, lo vi. Tras una leve agitación que delataba su ascensión a la superficie, la entidad surgió a la vista sobre las aguas oscuras. Inmenso, repugnante, aquella especie de Polifemo saltó hacia el monolito como un monstruo formidable y pesadillesco, y lo rodeó con sus brazos enormes y escamosos, al tiempo que inclinaba la cabeza y profería ciertos gritos acompasados. Creo que enloquecí entonces.

No recuerdo muy bien los detalles de mi frenética subida por la ladera y el acantilado, ni de mi delirante regreso al bote varado... Creo que canté mucho, y que reí insensatamente cuando no podía cantar. Tengo el vago recuerdo de una tormenta, poco después de llegar al bote; en todo caso, sé que oí el estampido de los truenos y demás ruidos que la Naturaleza profiere en sus momentos de mayor irritación.

Cuando salí de las sombras, estaba en un hospital de San Francisco; me había llevado allí el capitán del barco norteamericano que había recogido mi bote en medio del océano. Hablé de muchas cosas en mis delirios, pero averigüé que nadie había hecho caso de las palabras. Los que me habían rescatado no sabían nada sobre la aparición de una zona de fondo oceánico en medio del Pacífico, y no juzgué necesario insistir en algo que sabía que no iban a creer. Un día fui a ver a un famoso etnólogo, y lo divertí haciéndole extrañas preguntas sobre la antigua leyenda filistea en torno a Dagón, el Dios-Pez; pero en seguida me di cuenta de que era un hombre irremediablemente convencional, y dejé de preguntar.

Es de noche, especialmente cuando la luna se vuelve gibosa y menguante, cuando veo a ese ser. He intentado olvidarlo con la morfina, pero la droga sólo me proporciona una cesación transitoria, y me ha atrapado en sus garras, convirtiéndome irremisiblemente en su esclavo. Así que voy a poner fin a todo esto, ahora que he contado lo ocurrido para información o diversión desdeñosa de mis semejantes. Muchas veces me pregunto si no será una fantasmagoría, un producto de la fiebre que sufrí en el bote a causa de la insolación, cuando escapé del barco de guerra alemán. Me lo pregunto muchas veces; pero siempre se me aparece, en respuesta, una visión monstruosamente vívida. No puedo pensar en las profundidades del mar sin estremecerme ante las espantosas entidades que quizá en este instante se arrastran y se agitan en su lecho fangoso, adorando a sus antiguos ídolos de piedra y esculpiendo sus propias imágenes detestables en obeliscos submarinos de mojado granito. Pienso en el día que emerjan de las olas, y se lleven entre sus garras de vapor humeantes a los endebles restos de una humanidad exhausta por la guerra... en el día en que se hunda la tierra, y emerja el fondo del océano en medio del universal pandemonio.

Se acerca el fin. Oigo ruido en la puerta, como si forcejeara en ella un cuerpo inmenso y resbaladizo. No me encontrará. ¡Dios mío, esa mano! ¡La ventana! ¡La ventana!

lunes, 14 de abril de 2014

Books from the Crypt #47: Pompeya

Título: Pompeya
Título original: Pompeii
Autor: Robert Harris
Año: 2003
Género: Histórica
Sinopsis:
Gran autor de thrillers políticos, esta vez el autor de Patria (Books from the Crypt #29) se remonta al año 79 a.C. para recrear los tensos últimos días antes de la terrible erupción del volcán Vesubio. Detallada recreación de la ciudad de Pompeya antes de la catástrofe. Y minuciosa intriga política que pone sobre la mesa los intereses de los poderosos y la cruzada personal de un joven ingeniero romano en busca de verdad y justica.

Crítica:
Pompeya es un thriller histórico del excelente autor Robert Harris, que describe los últimos cuatro días de la ciudad que quedó arrasada y enterrada por una descomunal erupción del monte vesubio. Tratada como una novela de intriga, la acción comienza dos días antes del fenómeno, y sirve como guía de la misma el protagonista, un joven y profesional maestro ingeniero dedicado al mantenimiento de los acueductos y sistemas hídricos de la región, enviado para sustituir a su predecesor desaparecido. El protagonista tiene que hacer lo imposible para reparar en un tiempo record una rotura del acueducto que deja sin agua a siete ciudades, buscando el apoyo del almirante Plinio el Viejo y haciendo frente a los obstáculos impuestos por los nobles de Pompeya, que ven en el joven aguador una molestia. Todo esto se ve complementado con la investigación que hace el protagonista para averiguar el destino de su predecesor y que le lleva a investigar una posible trama de corrupción y robo de agua.

Con magistral talento, Harris refleja la vida consagrada al lucro de Pompeya, así como demuestra un excelente trabajo de documentación a la hora de mostrar y explicar el complejo sistema hídrico desarrollado por los romanos para alimentar sus ciudades y los protocolos de mantenimiento que implicaban, así como la forma que tenían para construir y reparar estas conducciones. Combinando estos elementos con una trama de intriga y corrupción hábilmente orquestada, así como con los comentarios del propio Plinio el Viejo, que fue testigo y cronista de la brutal erupción, Pompeya conforma un conjunto literario sabiamente construido, una excelente lectura, amena y formativa que deja saciado al lector y huye de los constructos artificiales del fast food literario. Una interesante recomendación que vale la pena leer.

martes, 8 de abril de 2014

5 curiosas miniaturas históricas

Existen muchas empresas dedicadas a la producción de miniaturas para wargames de todo tipo y con diferentes escalas, tanto de temática fantástica, ciencia-ficción o futuristas. Por supuesto, también existen series de miniaturas que no están dedicadas a un wargame específico, bien porque pueden aplicarse a distintos reglamentos, bien porque se trata de figuras esculpidas y dirigidas a pintores y coleccionistas. Por norma general, las miniaturas de wargames reproducen con alto nivel de detalle las diferentes tropas que se pueden usar según los reglamentos disponibles, desde guerreros de la antigüedad hasta las tropas futuristas con la tecnología más avanzada que podemos imaginar. Estas figuras representan tropas en posturas más dinámicas o más estáticas, pero siempre tratando de representar soldados que se disponen a entrar en batalla, caballería y máquinas de guerra. Pero, en ocasiones, surgen miniaturas que resultan diferentes, curiosas, particularmente llamativas por alguna características que las hace destacar, y no tiene que ser debido a un alto nivel de detalle o a que se trate de una tropa especialmente potente. A menudo estas miniaturas no tienen porque tener un papel destacado en el plan de batalla, tan sólo son figuras que, por alguna razón, resultan particularmente diferentes o llamativas. Para ilustrar estos planteamientos, pretendo mostrar algunos curiosos ejemplos sacados de wargames históricos:

La batalla de Rorke's Drift fue un enfrentamiento que se produjo los días 22 y 23 de enero de 1879 durante la Guerra Anglo-zulú. En este épico episodio histórico, apenas 150 soldados británicos defendieron con éxito una estación misionera en la provincia de Natal, Sudáfrica, del ataque de más de 3000 guerreros zulúes. Este enfrentamiento se produjo solo unas horas después de la humillante derrota británica en la batalla de Isandhlwana.

Este grupo de miniaturas representa a 4 de los héroes británicos de esta famosa batalla, con los rostros de los actores que los interpretaron en la película Zulú (1964):
  • Stanley Baker ..... Teniente John Chard
  • Michael Caine ..... Teniente Gonville Bromhead
  • James Booth ..... Soldado Henry Hook
  • Nigel Green ..... Sargento Frank Bourne
Napoleonic: Vivandière & Donkey
Vivandière o Cantinière es el nombre francés para las mujeres ligadas a los regimientos militares para trabajar como proveedoras del ejército o cantineras. Debido a su función histórica como vendedoras de vino para las tropas y su trabajo en los comedores, se adoptó el termino "cantinière" en lugar del original "vivandière" desde 1793.

Esta miniatura representa a una de esas mujeres,  acompañada del burro que usa para cargar sus mercancías y armada con una pistola, en actitud de defenderse de una amenaza. Un curioso homenaje a la intendencia y suministros de los ejércitos en campaña, labor poco gloriosa, pero imprescindible.

Roman medicus
En la Roma imperial, la medicina, cuya enseñanza era privada, no se consideraba una profesión digna, por lo que era practicada por griegos y judíos. Los médicos estaban exentos de pagar impuestos y de realizar el servicio militar. Y, sin embargo, fue en el ejército donde se desarrolló un auténtico sistema de hospitalización. En todas las guarniciones situadas a lo largo de la frontera del imperio, se construyeron hospitales (valetudinaria) donde atender a los enfermos y heridos, sirviendo como base para el desarrollo de la medicina militar.

Esta miniatura representa a un médico, los cuales no son raros de ver en otros juegos, pero lo característico de la misma, es que se halla en pleno trabajo, tratando de salvar la vida a un legionario sobre el terreno y auxiliado por otro soldado.

Roman Civilians
Durante toda la historia de Roma, la ciudadanía era una posición social privilegiada en relación con las leyes, estatus social, propiedad y acceso a posiciones de gobierno, que se otorgaba a ciertos individuos.

En este grupo de miniaturas podemos encontrar (de izquierda a derecha): un mercader con un guardaespaldas galo, un anciano mendigo, un augur y una mujer de clase alta recostada y atendida por una esclava. Un curioso grupo de civiles, poco habituales en los wargames.

Baggage
Durante la Edad Media, los viajes por tierra se hacían siguiendo las antiguas vias romanas, cuya red, muy deteriorada por la falta de mantenimiento, no comenzó a rehabilitarse hasta el siglo XII. Lo habitual era viajar en grupo y muy cargados: mercancías, comida, pienso, armas, herramientas, tiendas, ropa, dinero, documentos, etc. Los peregrinos viajaban más ligeros de equipaje. Debido al mal estado de los caminos y vías, los carros y otros vehículos rodados resultaban más útiles en distancias cortas, y eran menos habituales en los viajes largos. En cambio, las monturas eran muy habituales, ya fueran caballos, mulas o asnos.
Este grupo representa lo que podría ser un típico grupo de viajeros, en este caso algunos soldados, protegiendo los enseres de un grupo militar, detalle que no se suele tener mucho en cuenta en wargames o videojuegos de estratégia bélica históricos.


viernes, 4 de abril de 2014

Books from the Crypt #46: El imperio de los dragones

Título:  El imperio de los dragones
Título original: L'impero dei draghi
Autor: Valerio Massimo Manfredi
Año: 2005
Género: Histórica
Sinopsis:
Un grupo de romanos ha caído víctima de una emboscada. La odisea de Metelo y sus compañeros, en el siglo III, para eludir el terrible asedio de los persas y conseguir al fin llevar las cenizas de su emperador a Roma, tendrá un giro inesperado y fascinante. Estos valientes guerreros llegarán a la China milenaria. Allí descubrirán un mundo nuevo, deslumbrante y también lleno de peligros.

Crítica:
Toda novela histórica tiene un componente de fantasía, de especulación, ya que, al escribir una trama, desarrollar los personajes, el autor debe poner de su parte, basándose en los datos conocidos sobre la época en la que se desarrolla la acción. En este caso, Valerio Massimo Manfredi elabora una interesante novela que se ambienta en una etapa convulsa del imperio romano, relatando las vivencias de un grupo de legionarios romanos que caen, junto con su emperador Valeriano, presos de los persas por culpa de una emboscada. Con esta premisa inicial, el autor narra con los horrores a los que son sometidos los prisioneros condenados a trabajos forzados en una mina hasta su muerte, para, posteriormente, lograr fugarse y comenzar un camino que acaba llevándoles a la China milenaria.

La premisa de esta novela es narrar un posible contacto entre los dos mayores imperios de la antigüedad: Roma y China. ¿Factible? Ciertamente, ambas naciones tenían conocimiento de la existencia de la otra, pese a la gran distancia que las separaba. También está la leyenda de la Legión Perdida, una legión romana que, tras lograr sobrevivir a una masacre por parte de los persas, lograron escapar hacia el este y acabaron en China, donde lograron asentarse y convertirse en la guardia personal del emperador, y hasta fundaron una colonia romana. Con estas bases, Manfredi elabora el viaje único de un pequeño grupo de legionarios al mando de un comandante que ejemplifica los mejores valores de Roma y que lucha contra viento y marea para lograr regresar a casa, pese a que sus aventuras les conducen lo más lejos que podían llegar.

El autor demuestra sobradamente sus conocimientos sobre el mundo antiguo y hace un excelente retrato del choque cultural producido entre romanos y chinos, dos imperios con culturas tan diferentes. Son remarcables las descripciones de los estilos de lucha de los legionarios y las artes marciales chinas, así como las interacciones entre los personajes. En conjunto, nos encontramos con una novela muy bien construida, desarrollada con sabiduría y elaborada mediante una excelente representación de dos mundos tan diferentes que, finalmente, acaban cruzándose. Se trata de una lectura recomendable y amena que deja un buen gusto al lector y puede servir como base para iniciarse en el género o en la bibliografía de este interesante autor.

martes, 1 de abril de 2014

April Fool's Day

El April fools' day o día de las bromas de abril, conocido también como pez o pescado de abril (traducción literal del francés poisson d'avril o del italiano pesce d'aprile), es una fiesta que se celebra el 1 de Abril dedicada a las bromas.

Aunque no está totalmente claro cual es el origen de esta tradición, la teoría que más peso tiene afirma que las bromas que acompañan a esta fecha comenzaron en Francia durante el reinado de Carlos IX.

A mediados del siglo XVI, las celebraciones de Año Nuevo en Francia se realizaban desde el 25 de marzo hasta el 1 de abril. En 1564, mediante el decreto de Roussillon, el rey instauró el calendario gregoriano, trasladando las celebraciones del año nuevo al 1 de Enero. Debido a que muchos franceses y las colonias protestantes estadounidenses tardaron en adoptar el nuevo calendario del Papa Gregorio XIII, seguían celebrando el año nuevo desde el 25 de marzo hasta el 1 de abril. Por esto los estadounidenses eran considerados tontos, por esta consideración son conocidos como los tontos de abril. Hoy en día para no quedar con el apelativo de tontos, los ciudadanos y bromistas decidieron ridiculizarlos entregando regalos absurdos y convidando a fiestas inexistentes, y así nació la tradición de hacer bromas el primer día de abril.

El nombre de pez o pescado de abril, que recibe la víctima de las bromas, está relacionado con el zodiaco: todo acontecimiento que acaecía en esa fecha era relacionado con el hecho de que el Sol abandonaba la constelación de Piscis.

El April fool's day se celebra en los siguientes países:
  • Alemania, Austria y Suiza: Erster April («primero de abril»). La tradición de contar mentiras en ese día se sigue hasta en la prensa, se denomina como Aprilscherz («broma de abril») y se suele describir con la locución jemanden in den April schicken («mandar al abril a alguien»).
  • Canadá: "Poisson d'avril" en Quebéc o "April fools day" en el resto del país.
  • Croacia: prvi april («primero de abril»).
  • Finlandia: Aprillipäivä
  • Francia, Valonia (Bélgica) y Suiza: 1.er avril. Las bromas se llaman poisson d'avril («pescado de abril»).
  • Italia: pesce d'aprile («pescado de abril»).
  • Japón: エイプリルフール Eipuriru fūru, transcripción del inglés April Fools' («día de los tontos de abril»).
  • Líbano: kezbet awal nisan («mentira del primero de abril»)
  • Menorca (España): Dia d'enganyar («día de engañar»). Se celebra debido a que la isla fue posesión británica durante parte del siglo XVII.
  • Galicia (España): Día dos enganos («día de los engaños»).
  • Países Bajos y Flandes (Bélgica): 1 april. En los Países Bajos se suele llamar 1 aprilgrap y en Flandes aprilvis («pescado de abril»).
  • Dinamarca: En este país se llama Aprilsnar.
  • Polonia: prima aprilis.
  • Portugal y Brasil: dia da mentira («día de la mentira»).
  • Reino Unido, EE. UU. y Australia: April fools' day («día de los tontos de abril»). Las bromas son las April fools' jokes («bromas de los tontos de abril»). Los escoceses llaman a la víctima de las bromas gowk («cuco»).
  • Rumania: 1 Aprilie "Ziua păcălelilor". La costumbre del 1º de abril viene de Francia, y se implementó en Rumanía al principio del siglo XIX. Rumanía, siendo un país con tradición francófona, tomó esta costumbre de hacer bromas o farsas a los conocidos para divertirse. La tradición rumana dice que no debes dejarte engañar por nadie ese día para no tener parte de engaños durante todo el año.
  • Suecia: aprilskämt.