martes, 24 de enero de 2012

Yo, Morlock #3: La obsesión por el recorte

El recorte se ha convertido en una obsesión del gobierno del PP. Los que tan alegremente anunciaban durante su etapa en la oposición que iban a solucionar la crisis con su mera presencia se han visto con el agua al cuello. Rajoy prometía que, con el como Presidente, se iba a generar "confianza", y que dicha confianza serviría para amansar a los feroces mercados, calmar a las rugientes bestias de las agencias de clasificación y satisfacer los apetitos de los titanes europeos. Qué felices se veían los populares y que optimistas se mostraban. Pero todo cambió una vez que cumplieron su objetivo: verse en el poder. De repente, la reclamada confianza no surgía por ningún lado, los mercados seguían su azote contra las mermadas economías, las agencias de clasificación siguen imponiendo su particular ley marcial y Alemania y Francia siguen siendo los intransigentes y poderosos titanes que se alzan como rectores del paradigma europeo.

Al ver que no tenían más remedio que romper con sus incendiarias proclamas con las que ejercían oposición y las comprometidas promesas electorales, Rajoy, bajo la excusa de que el déficit era mayor del esperado, se ha visto obligado a realizar todo tipo de recortes para intentar salir del atolladero en que se halla metido al estar al mando del país. Pero es curioso que, con el PP al mando de la mayor parte de los gobiernos autonómicos, no supieran que las CC.AA. eran las principales culpables de que el agujero deficitario fuera tan grande.

Por todo ello, es normal que sean necesarios los ajustes y recortes presupuestarios, imponer la austeridad y el ahorro, pues no hay otra solución. El problema empieza cuando el gobierno dirigido por Rajoy se dedica a subir impuestos que no deberían tocarse y a lanzarse contra las partidas que menos habría que tocar: educación y sanidad. Aunque ahora a estas se le debe añadir justicia, ya que según Aguirre, en ningún lado pone que la justicia debe ser gratis. Sinceramente, los miembros del gobierno y los altos cargos del PP deberían tener en cuenta el alcance de sus declaraciones y medidas, ya que nos demuestran el nivel de compromiso que tienen con el pueblo, es decir, escaso por no decir ninguno.

Hay que tener en cuenta que existen partidas presupuestarias que merecen un ajuste de forma más exhaustiva y urgente que la educación y sanidad. Y no sólo porque estas últimas sean vitales para el futuro de un país. Si nuestros niños no reciben una formación apropiada y si no tenemos derecho a una asistencia sanitaria gratuita y accesible, estamos hipotecando a las próximas generaciones. Por ello, debemos tener claras nuestras prioridades. Para ello, voy a citar algunos posibles ejemplos de donde se pueden hacer recortes:
  • Casa Real. La Casa Real es una institución que no resulta imprescindible en un estado moderno. Es un organismo heredado e inamovible que recibe una importante dotación económica. Esta misma debería reducirse para poder asignar esos fondos a otras partidas en donde resultarían más útiles. Ya de paso, sería recomendable hacer un referendum para consultar al pueblo español si realmente desea seguir viviendo en una monarquía u optar por la república.
  • Salarios de miembros del gobierno y altos cargos y duplicidad. Los miembros de los gobiernos nacional y autonómicos, así como los diputados, senadores y demás representantes electos, así como altos cargos del funcionariado público reciben elevados sueldos como pago por sus labores. Dichos salarios incluyen suplementos, extras, y demás conceptos que engrosas sustancialmente su nómina. En un estado atrapado en una feroz crisis económica y una difícil recesión, estos cargos públicos deberían dar ejemplo. Habría que instaurar una transparencia total y absoluta sobre los sueldos cobrados que incluyese también un ajuste de los mismos a la baja hasta convertirse en algo que estuviera más acorde para la situación económica. A esto habría que añadir una reducción sustancial de privilegios como el uso y abuso de coches oficiales y la duplicidad de cargos. No podemos permitir que los salarios de los altos cargos sean una sangría para las arcas del estado cuando nos hallamos en una situación tan complicada.
  • Grandes fortunas y corrupción. Este es un apartado que siempre ha picado al PP, ya que siempre ha apoyado a los poderosos. Hay que gravar a las grandes fortunas para que ayuden a este país a salir de su pésima situación económica. No podemos permitir que se sigan sacrificando las clases trabajadoras para sostener a una élite de parásitos acostumbrada a los privilegios y que dirige las grandes empresas, las principales causantes del fraude fiscal. Además, la corrupción debe ser investigada, perseguida y juzgada con todo el peso de la ley. Basta ya de escuchar a los políticos del PP lamentarse amargamente de persecuciones judiciales y policiales cada vez que se destapa un escándalo de corrupción. Basta de excusas y trabas. Hay que poner fin a los corruptos, acabar con el fraude y la malversación de fondos.
  • La Iglesia Católica. España es un estado láico y aconfesional, así lo determina la Constitución Española. Entonces... ¿por qué el estado sigue financiando a la Iglésia Católica? Del dinero de nuestros impuestos se deriva una parte a pagar colegios católicos concertados y subvencionar a esta institución religiosa. Nos encontramos en un estado democrático en el que hay libertad de culto. Por lo tanto es inconcebible que el gobierno siga apoyando de forma tan clara y parcial a una iglesia que no representa al total de los habitantes de este país y que tantos escándalos ha escondido y trata de ocultar.
Estos son tan sólo algunos ejemplos. Existirán otros, habrá otras medidas que se puedan tomar, pero lo que no se puede hacer es dedicarse a una política de recorte salvaje que sólo va a producir más daños que los que se pretende subsanar. No podemos permitirnos un plan de gobierno que se dedique a grabar más aún a las clases medias y bajas, a los trabajadores y parados que no pueden asumir esta carga. Tampoco se pueden atacar las bases de nuestro futuro como nación y la salud de los españoles. Así que pido al gobierno de este país que tenga en cuenta a sus ciudadanos y recuerde que son los representantes del pueblo.