lunes, 9 de enero de 2012

Los Simpsons: La Montaña de la Locura (T8E12)

La montaña de la locura, llamado Mountain of Madness en la versión original, es un episodio perteneciente a la octava temporada de la serie animada Los Simpson, emitido originalmente el 2 de febrero de 1997. El episodio fue escrito por John Swartzwelder y dirigido por Mark Kirkland.

Sinopsis del capítulo
Todo comienza cuando el Sr. Burns decide provocar un simulacro de incendio en la Planta, solamente para divertirse. Una vez que activa la alarma, el pánico de los empleados hace que no piensen muy claramente y tarden 15 minutos en evacuar la Planta. Sorprendido y enojado, Burns declara que todos los empleados deberían ir a una competencia en la montaña, en donde predominaría el trabajo en equipo. Homer termina teniendo como compañero al Sr. Burns, y Smithers, por su parte, queda sin compañero y enojado por no haber hecho pareja con su jefe. El objetivo de la competencia era llegar a una cabaña en la cima de la montaña; el último equipo en llegar sería despedido.

En el camino, Burns le propone a Homer hacer trampa, usando una moto de nieve para llegar antes a la cabaña. Habiendo llegado muchas horas antes que los otros equipos, ambos se ponen cómodos y pronto se hacen amigos. Sin embargo, cuando chocan sus copas de champagne, causan, sin quererlo, una avalancha que hunde la cabaña en su totalidad. A pesar del intento de Burns para hacer funcionar una máquina telegráfica para conseguir ayuda y del intento de Homer por cavar un túnel en la nieve, ambos quedan atrapados en la cabaña. Luego, tratan de formar un plan hablándolo, pero cada sonido causa más aludes y avalanchas, hundiéndolos más y más en la nieve. Mientras tanto, Bart y Lisa se encuentran con Smithers y lo ayudan a encontrar la cabaña, pero terminan causando más problemas que ayuda.

En la cabaña, Burns y Homer parecen quedarse allí por siempre. Deciden construir muñecos de nieve para pasar el tiempo, y luego los visten con sus propias prendas de ropa, pese a que así pasarían frío. Los otros empleados, por su parte, llegan al sitio en donde debería estar la cabaña, pero descubren que no está y se dirigen a otra, sin sospechar de la suerte corrida por Homer y Burns. En la cabaña, Homer y Burns comienzan a mirarse el uno al otro a los ojos, llenando sus mentes con paranoia. Burns se vuelve loco y trata de matar a Homer. Luego de un golpe con un fierro, Burns accidentalmente rompe el tanque de gas propano de la casa, haciendo que ésta salga disparada como si fuese un cohete, atravesando la nieve y saliendo a la superficie. Cuando la casa se detiene (frente a los empleados de la Planta), Burns anuncia que el último en entrar en ella sería despedido.

Lenny es el último, y el Sr. Burns lo despide. Sin embargo, luego el anciano declara que no habría despidos. Todo termina con Homer y Burns mirándose a los ojos el uno al otro, de momentos riendo y de momento amenazadores.

Tratamiento de la locura
Este episodio destaca por su excepcional tratamiento de la locura. Homer y Burns, que se sienten tirunfadores por ser los primeros en llegar a la cabaña y disfrutar de la comida que aguarda allí a todos los empleados ven como una avalancha les sepulta dejándolos aislados y cualquier intento por salir de allí o comunicarse con el exterior resulta infructuoso. Pasan de tenerlo todo a quedar completamente aislados y sin posibilidad de salvación inmediata, encerrados en un espacio relativamente pequeño y sin más compañía. De esta forma se genera una situación donde tratan de sobrellevar como pueden el aislamiento, pero la falta de entretenimiento y el aislamiento absoluto les hace buscar soluciones cada vez más absurdas, como cuando crean muñecos de nieve y deciden vestirles con sus ropas. En esos momentos su descenso a la locura ya ha comenzado, al asignarles personalidad y motivaciones a esos muñecos y darles vestimenta. Pero es sólo el primer paso, pues esta acción da paso a la paranoia creyendo primero que los muñecos van a ir a por ellos para acabar desconfiando el uno del otro.

La creciente paranoia les lleva a actuar de forma irracional hasta el punto de enfrentarse entre ellos, produciendoles alucinaciones sobre aliados para cada uno (muñecos de nieve prusianos para el sr. Burns y figuras políticas históricas para Homer), y acaba desatándose la furia en una pelea entre ambos que les llevará a salvar sus vidas al dañar el deposito de gas provocando que entre en ignición.

Sin duda es un tratamiento excelente de la locura, mostrando una progresión continua que va empeorando y que se ve incentivada por las condiciones en las que se encuentran de aislamiento. Al verse encerrados en un entorno sin posibilidad de escapar se va generando en sus mentes un estres que desgasta su cordura provocandoles un comportamiento cada vez más irracional e incoherente que acaba en violencia. Y finalmente cuando logran salir de la cabaña, se muestran a medias conciliadores, pero la paranoia y la desconfianza no les ha abandonado del todo.