lunes, 1 de octubre de 2012

Yo, Morlock #17: 2ª Carta abierta a Mariano Rajoy

Excmo. Sr. Don Mariano Rajoy:

Como ciudadano de este país me veo en la responsabilidad y obligación de dirigirme directamente a usted para hablar sobre España, ese país del que usted es Presidente del Gobierno y yo un simple ciudadano. Esta no es la primera vez que utilizo una epístola para comunicarme con usted, ya que hice esto mismo por primera vez el 10 de enero de este mismo año. Por aquel entonces, la situación del país, tensa, compleja, aún no había llegado a los extremos en los que nos hallamos hoy en día. Pero, lamentablemente, ya estaba usted sentando las bases para llevarnos hasta donde estamos.

Para empezar, permítame decirle que entiendo lo que pasa. Usted es, y ha sido siempre, un triste registrador de la propiedad, un funcionario gris que, por avatares del destino, logró subir en las filas del PP hasta, entre otras cosas, alcanzar un ministerio durante el gobierno de Aznar y que, éste mismo, le designara como su sucesor para dirigir el rumbo de su partido. Entiendo que semejante responsabilidad le venga grande. ¿Qué ha hecho usted? ¿Qué méritos académicos, profesionales o personales reunía para tan importante puesto de responsabilidad? Lamentablemente, usted se ha convertido en una marioneta con un síndrome bipolar que le impide actuar con libertad. Y es que de sus hilos tiran dos fuerzas opuestas que, en ocasiones logran ponerse de acuerdo. Dichas fuerzas son por un lado los grandes poderes europeos y por el otro los titiriteros de su propio partido. Sr. Rajoy, se lo digo una vez más: usted no es un estadista, ni un líder. No tiene carisma, no inspira a las masas, no tiene redaños ni astucia o inteligencia suficiente como para destacar por sí mismo, carece de buena oratoria y de empatía. En resúmen, usted no posee ninguna cualidad que pueda definir o caracterizar a un dirigente político, a un hombre que tenga que ponerse al timón de un país que está pasando por su peor situación desde hace mucho.

Se ha rodeado de una serie de ministros con afán ultra conservador y que se aferran a los ideales y principios de una derecha rancia, anclada en el fascismo de la dictadura de Franco y que su partido nunca ha querido dejar atrás. Usted y los miembros de su gobierno están convencidos de que se puede dar marcha atrás, que pueden girar el timón y volver a los viejos y buenos tiempos que fueron para los que apoyaban su ideología desde el poder. Por ello no han dudado en dinamitar el Estado del Bienestar, atacar sin freno la Sanidad y Educación públicas en favor del sector privado y sobrecargar al pueblo con medidas que se han demostrado harto ineficaces en todos los países donde se han puesto en práctica. El paro está en cifras de record, la pobreza es cada vez mayor, está condenando a varias generaciones a la incultura, la enfermedad, la miseria y el atraso científico y tecnológico. Mientras, se desvive usted por regalar ingentes cantidades de dinero a los bancos, principales culpables de la situación en la que nos hallamos hoy en día y, por supuesto, la Iglesia Católica sigue siendo ese organismo intocable e intachable, hogar y refugio de sacerdotes pederastas, obispos fascistas y pozo sin fondo donde arrojar el dinero público.

¿El resultado? Usted mismo lo podría haber visto esta semana pasada: La gente, harta de tanto abuso y atropello, ha estado saliendo a las calles, rodeando el congreso de forma pacífica, reclamando un cambio, una solución que pase por el reconocimiento de que la forma de salir de la crisis no pasa por el mantenimiento del status quo actual. ¿Y cómo ha respondido su gobierno, sr. Rajoy? Con policías infiltrados causantes únicos de los disturbios, cargas policiales que parecen sacadas de los tiempos de la dictadura y los comienzos de la Transición, en las que los agentes de la "Ley" se han dedicado a la violencia y brutalidad gratuitas, con detenciones aleatorias e indiscriminadas. Ocultando su identidad para así esquivar cualquier responsabilidad, los antidisturbios, cual pretorianos romanos, han ejercido su fuerza de manera desmedida, de forma atroz e indiscriminada. Y su gobierno lo aprueba, lo aplaude.

Pero claro, usted puede hacerse el sueco, pues ha estado de visita en Nueva York. Todos hemos visto sus fotos paseando por la Gran Manzana, pavoneándose y alardeando con su puro en la boca. Sr. Rajoy, basta de poner los intereses de su partido sobre los intereses de los ciudadanos. Olvídese de resultados electorales, de amiguismos e intereses. Es necesaria una renovación de las estructuras del Estado, uno ajustes urgentes de TODAS las administraciones públicas. Si no acomete lo más pronto posible estas reformas y deja de una vez de anteponer los intereses de los bancos y su formación política, lo único que va a conseguir es hundir por completo este país, llevarnos a una situación cada vez más insostenible y provocar que las manifestaciones sean progresivamente más numerosas y multitudinarias.

Sr. Rajoy, no haga caso de sus medios de comunicación, pues usted mismo se ha encargado de censurarlos para que sirvan a sus propios intereses. Todos sabemos que infravaloran la capacidad de reacción de los ciudadanos y dan valores de participación muy a la baja para tratar de reducir el impacto de las manifestaciones. Por ello, tenga en cuenta la historia del pueblo español. Hemos vivido dictaduras y revoluciones, guerras civiles y golpes de estado. En anteriores ocasiones nos hemos levantado contra gobiernos opresores, y cuando han sido los que apoyan a los tiranos los que se han alzado, no han conseguido sus objetivos sin una larga y cruenta lucha. Así, que, sr. Rajoy, aprenda la lección que nos enseña la historia, sea usted inteligente y comienza a escuchar al pueblo.

Sin otro particular, se despide de usted
José Mª Quinto / Harvey Zoltan Pickman