jueves, 7 de septiembre de 2017

El síndrome del cerebro creativo troll

El síndrome del cerebro creativo troll es una forma en la que el que escribe define esa característica de las mentes creativas por ponerse a trabajar de forma activa en los momentos más inesperados. En las personas de temperamento creativo o que explotan su creatividad a través de distintas formas artísticas o literarias el cerebro, que es un órgano complejo y sorprendente, se habitúa a desarrollar conceptos, ideas, tramas argumentales, diseños, etc., en función de la actividad concreta a la que se dedique la persona. Sin embargo, no es algo regular ni que funcione siempre a la perfección. El sujeto creativo no siempre puede ponerse a crear una buena obra de la nada en cualquier momento. No es una máquina de creación artística o literaria que funcione con un botón de encendido. Además, para el correcto funcionamiento del cerebro es necesaria que la persona se prepare, se forme, y tenga constancia en su esfuerzo. Lamentablemente, este tipo de actividades, principalmente a nivel profesional, están poco consideradas y se las trata a menudo como algo que cualquiera puede hacer. Y no es así. El sujeto creativo que ha desarrollado su carrera profesional para aprovechar su talento ha pasado por un largo proceso formativo de manera que su cerebro ha sido preparado de forma concienzuda para ello. Pero, para el caso que nos ocupa, y en base a la actividad creativa del que escribe, me referiré principalmente al escritor.

¿Como definiríamos a un escritor? Independientemente de si es profesional o no, de si obtiene dinero de sus obras, un escritor es aquella persona que tiene que escribir, que necesita escribir para plasmar sobre el papel las ideas que bullen en su mente. Sin importar si escribe ficción o no ficción, se trata de toda aquella persona que escribe porque le gusta, porque le interesa o le apasiona, porque su cerebro tiene ese punto de creatividad que le impulsa a dejar constancia alfabética de lo que se genera en la mente. Por ello, escritor es aquella persona que escribe porque quiere hacerlo, porque necesita hacerlo, porque es una forma de expresar su creatividad y exponer sus ideas, pensamientos y creaciones.

El escritor, como persona creativa, requiere una cierta constancia, tanto para crear como para formarse. Con esto evita que su cerebro se quede inactivo, que se duerma y pierda la práctica de crear. Por ello, el escritor tiene que escribir y, sobre todo, leer, leer mucho. Así acostumbra su cerebro a mantener la actividad y se forma, aprendiendo de sus errores, estudiando a otros escritores, comparando, asimilando, sintetizando y fusionando para poder crear y desarrollar un estilo propio. 

Hay veces que la creatividad funciona mejor y otras veces funciona peor. Se pueden dar bloqueos creativos en los que te ves incapaz de unir más de dos palabras de forma coherente o de encajar esa idea que se esconde en el interior de la mente. Pero, en ocasiones, el cerebro te sorprende. Y es en esos momentos cuando aparece el síndrome del cerebro creativo troll. Cuando esto sucede la mente estalla en un frenesí creativo, y te inunda de ideas, conceptos, tramas, personajes, mundos, etc. En esos momentos, la creatividad se dispara y tan sólo puedes asistir como espectador a la explosión que ocurre en tu cerebro. Y es que esto puede ocurrir en cualquier momento. Cualquier cosa puede actuar como detonador para provocar ese estallido mental. Por ello, el creativo no tiene más remedio que tratar de canalizar sus procesos de pensamiento hacia la memoria, para recordar todas las ideas buenas, interesantes y desarrollables que aparezcan o tratar de registrarlo de cualquier otro modo. Para estos casos resulta particularmente útil tener a mano siempre una libreta y un bolígrafo, para poder anotar estas ideas. Otra posible solución es sacar de inmediato el teléfono móvil y escribir una nota en la que dejar constancia de los resultados. Y es por eso que lo llamo "síndrome del cerebro creativo troll", porque esto puede suceder en cualquier momento. Puedes estar caminando por la calle, en el trabajo, sentado en casa leyendo, haciendo cualquier cosa, cuando, de repente, el cerebro se pone a funcionar a plena marcha y a proporcionar ideas aprovechables.