sábado, 1 de abril de 2017

Ghost in the Shell: El alma de la máquina (2017)

Título: Ghost in the Shell: El alma de la máquina
Título original: Ghost in the Shell
País: Estados Unidos
Productora: DreamWorks SKG / Grosvenor Park Productions / Seaside Entertainment
Director: Rupert Sanders
Guión: William Wheeler (Manga: Masamune Shirow)
Reparto: Scarlett Johansson, Pilou Asbæk, Juliette Binoche, Michael Pitt, Takeshi Kitano, Peter Ferdinando, Christopher Obi, Joseph Naufahu, Chin Han, Kaori Momoi, Yutaka Izumihara, Tawanda Manyimo, Lasarus Ratuere, Danusia Samal, Rila Fukushima, Michael Wincott  
Sinopsis:
En el cercano futuro, la Mayor es la primera de su clase: Una humana salvada de un terrible accidente, que es cibermejorada para ser un soldado perfecta dedicada a detener a los más peligrosos criminales del mundo.
Crítica:
Ghost in the Shell: El alma de la máquina es una versión americana en imagen real de la película de 1995 dirigida por Mamoru Oshii que se basa en el manga homónimo de Masamune Shirow. Ghost in the Shell es una obra clásica y emblemática dentro el género cyberpunk, que desarrolla el tema de la interacción entre hombre y máquina y las consecuencias de la fusión de ambas. En esta meritoria película, nos encontramos con una versión diferente de la que hizo Mamoru Oshii, pero no por ello menos válida o interesante. Más simplificada en sus conceptos y desarrollos filosóficos, si que homenajea a su predecesora copiando escenas en un ejercicio de maestría.

La historia se centra en el personaje de la Mayor, la primera ciborg de su clase, con un cerebro orgánico y un cuerpo completamente sintético. Integrada en una unidad de lucha anti terrorista, la Sección 9, debe hacer frente a un peligroso sujeto, Kuze, que está matando a altos directivos de Hanka Robotics, la empresa que creó a la Mayor. A través de esta persecución, la Mayor, con una excelente interpretación de Scarlett Johansson, se introduce en una trama de thriller que la conduce a cuestionar sus propios orígenes y la verdad de Hanka. De esta manera, la investigación para identificar y capturar a Kuze se convierte en un viaje de autodescubrimiento para la protagonista, que se ve apoyada por sus compañeros de equipo, como el inseparable Batou y su implacable superior, Aramaki. En este último tenemos a un ya maduro Takeshi Kitano que nos hace una gran interpretación. 

Los lectores del manga original y los que hayan visto la película de 1995 encontrarán múltiples referencias, entre las que se encuentran las ya citadas escenas copiadas. También se produce un elaborado desarrollo del entorno, que acaba convirtiéndose en algo más que un escenario en donde se desarrolla la acción. La ciudad cuenta con una clara inspiración de la estética de Blade Runner, así como de Hong Kong. Pero esto se lleva mucho más allá, aprovechando los medios disponibles, para crear un entorno hipertecnificado en donde los anuncios holográficos lo saturan todo. El objetivo de mostrar una sociedad asfixiada por los excesos tecnológicos y que se encamina, a través de la cibernetización, a perder las fronteras que separan al hombre de la máquina. La película, como sus predecesores, indaga en las consecuencias de esto. ¿Qué precio debe pagar la humanidad para convertirse en la posthumanidad hipertecnificada?

En conjunto, la película está muy bien desarrollada, más digerible que la obra de 1995, en la que Mamoru Oshii se explaya más en los conceptos y debates más intelectuales, y el manga, que se presenta con un desarrollo aún más elaborado. Combina perfectamente las escenas de acción, que pueden dar una lección a directores que premian el espectáculo gratuito sobre la narración fluida, con las escenas más intimistas y los diálogos con más profundidad. El principal punto débil de la película es su banda sonora. Un Clint Mansell poco inspirado crea una música poco definitoria que pasa sin pena ni gloria, no logrando impactar al espectador ni dejar una señal duradera. Lamentablemente, tenemos que esperar a los créditos para poder disfrutar del "Making of cyborg", el tema principal de la banda sonora de la película de Mamoru Oshii, tema emblemático y muy potente que no deja indiferente.