martes, 20 de diciembre de 2011

Se abren las puertas de la Necrópolis

Existen ciudades malditas, necrópolis donde reposan los muertos, urbes cuyo nombre ha caído en el olvido o que sólo es mencionado entre susurros. Carcosa, Ib, la maldita Sarnath, R'lyeh, Sarkomand. Lugares que son repudiados, de los que se huye, pues una visita a los mismos puede ser lo último que se haga. Pero estas ciudades son tan sólo meros reflejos, imágenes fragmentarias de una verdad superior. Existe una prohibida y olvidada urbe cuyo nombre nunca será pronunciado, cuya localización jamás será descubierta, es el arquetipo de todas las ciudades malditas, mancilladas, repudiadas, donde se yerguen los edificios innominados de los cuales las casas encantadas son meros espejismos.

La Necrópolis de la Luna Negra es una más de estas ciudades que reflejan una parte de esa proto-urbe maldita, de esa polis infernal que nadie debe hallar jamás. En sus calles marchitas moran las almas en pena, los no-muertos, los olvidados, los mancillados, los horrores innominados que no son aceptados en ningún otro lugar. La Necrópolis surge de entra la niebla como si siempre hubiera estado allí, aguardando, esperando. Una forma yaciente que, poderosa y terrible, invita, tentadora a penetrar en sus calles y descubrir sus secretos.

Esta ciudad es un refugio para aquellos que busquen el saber prohibido, aquellos que quieran arriesgar su vida y su cordura adentrándose en el Terror y la Fantasía. Un lugar donde lo olvidado y lo rechazado tiene su sitio y donde expresarse con libertad.